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Pasajeros en Tránsito

Manifiesto anticivilización

27 Octubre 2010 , Escrito por blackrainbow Etiquetado en #Lado activo

La vida jamás ha tenido menos sentido. La vida jamás ha sido tan poco sentida. La vida jamás ha sido tan poco vivida. Jamás tan plástica, triste, desapasionada y desnaturalizada, y al mismo tiempo tan entretenida. Entretenerse esperando la muerte es lo que se considera vivir.

Todo gira alrededor de una palabra: “más”. Queremos más tiempo... que desperdiciar. Queremos más cosas... con las que enterrarnos.

Nacemos para morir y el camino está fríamente trazado en el inconsciente colectivo de este moribundo organismo vuelto máquina que es la sociedad: estudiar a disgusto para vivir, trabajar a disgusto para vivir, jubilarse a disgusto para morir... morirse de disgusto por no haberse atrevido a vivir. Nacer para vivir... pero una vez socializado por la familia, la escuela, la fábrica, el televisor, la calle, el bar...

Vivir para morir.


Introducción

El ideario de este manifiesto anticivilizatorio, escrito en La Coruña el año 2003, propone una ética de reconexión, pero sin altruismo ni piedad ni modestia ni miedo. Ser libre y salvaje, instintivo, sintiendo el pulso de la Pachamama que palpita a cada instante en medio del pulmón oscuro del universo, de cuerpo entero, tal como esa mujer que acusan de bruja por negar los valores de la civilización, es la propuesta de este manifiesto.

Se equivocan –acaso– al pensar que el chamán es un religioso que quiere salvar al animal humano. Mircea Eliade tergiversó en 1951 la conexión con la naturaleza de los sabios tribales al compararlos al sacerdote de capilla. Y esa falsa analogía se expandió como polen en primavera. Eran sabios porque oían, no por jerarquía.

Tal como María Sabina escuchaba a los "niños santos" que hablaban: los hongos maravillosos, los verdaderos chamanes de antaño y hogaño sienten primitivamente el volcán en sus cuerpos y el bosque en sus arterias. Cada hueso es una piedra y el río es la sangre. Pero ése es un pelo de la cola. El manifiesto en cuestión es, sin lugar a dudas, un texto no solamente vigente, sino fundamental para despojarse de la camisa de fuerza que fijan la realidad y el espectáculo.

Jesús Sepúlveda
Escritor, profesor universitario.


I. Contra la distracción

De momento comencemos escupiendo. Fuerte. A la mujer que compra el Hola en el kiosko. Al académico que alza la voz. Al locutor que se relame con la noticia (cualquiera). Al que se masturba en el confesionario o pone la otra mejilla al que le insulta. Al político que habla de la democracia. Al líder del proletariado que se llena la boca hablando en su nombre. Al que habla de los sagrados valores de la patria. ¿Leyes antiterroristas? Pero la saliva no mata... Y ustedes sí.”
(Andrés Sorel).



En nuestra tumba pondrá: de estos dos imbéciles el mundo se ha reído y no se han enterado.”
(La Polla Records).

1. Ningún fantasma recorre Europa. Ya no hay tierras que recorrer. El Espectáculo1 lo ha recubierto todo y a todos atrapa. Empaña todas las pupilas: la del niño japonés que se tira desde una ventana frustrado por la disciplina mecánico-militar escolar, en sus mega-ciudades de masa humana apiñada; la del adolescente yanqui en el momento de disparar las decenas de muertes de sus compañeros y autoridades-profesores en el instituto; la del joven al entrar la aguja en su brazo, tirado junto a una vomitada y una botella de vino barato; la del ama de casa cuyo pan consagrado es el Prozac2, tomado litúrgicamente con la fe en ello, para escapar de la depresión crónica; la del busca-vida al caerse de un andamio; la del trabajador de cuello blanco con la soga de la rutina, la monotonía y el vacío al cuello; la del hombre de negocios al ver su crack del 29 particular, y sentir como la cocaína juega con su estrés y su maltrecho corazón; la del pensionista al esperar desesperando que llegue su muerte...

2. La vida jamás ha tenido menos sentido. La vida jamás ha sido tan poco sentida. La vida jamás ha sido tan poco vivida. Jamás tan plástica, triste, desapasionada y desnaturalizada y, al mismo tiempo, tan entretenida. Entretenerse esperando la muerte es lo que se considera vivir. Todo gira alrededor de una palabra: “más”. Queremos más tiempo... que desperdiciar. Queremos más cosas... con las que enterrarnos. Nacemos para morir y el camino está fríamente trazado en el inconsciente colectivo de este moribundo organismo vuelto máquina que es la sociedad: estudiar a disgusto para vivir, trabajar a disgusto para vivir, jubilarse a disgusto para morir... morirse de disgusto por no haberse atrevido a vivir. Nacer para vivir... pero una vez socializado por la familia, la escuela, la fábrica, el televisor, la calle, el bar... Vivir para morir.

3. Nos dicen que jamás en la Historia el individuo ha tenido tantas posibilidades, jamás ha vivido tanto tiempo, jamás ha tenido a su alcance tantas distracciones... ¡Y ya basta! Esto ya se acabó. Vivimos La Mentira, y ella será destruida. Es tiempo de luchar. No queremos posibilidades prefijadas sino aventuras instintivas; no queremos vivir mucho tiempo sino vivir el tiempo. No queremos distraernos sino gozar.



4. ¡Basta ya de realismo! ¡Qué termine el espectáculo! ¡Qué empiece la fiesta de la insurrección! Destruiremos nuestro infierno.

“Esos poetas infernales, / Dante, Blake, Rimbaud... / que hablan más bajo... / que toquen más bajo... / ¡Qué se callen! / Hoy, cualquier habitante de la tierra / sabe mucho más del infierno / que esos tres poetas juntos.”
(León Felipe).

“A la mierda el Armagedón... ¡Esto ya es el infierno!”
Bad Religión

5. En este país (España) tres millones de personas sufren depresión crónica, (500 millones, que se sepa, en el mundo) y el consumo de las drogas legales para ocultar cínicamente la infelicidad se ha triplicado entre 1992 y e 1998, mientras que en el corazón de la bestia, EEUU, 40 millones son las arterias que sangran Prozac.

6. Suicidios en aumento en todas las sociedades civilizadas de hoy, violencia en aumento en el mundo entero, personas encarceladas en aumento continuo en el Occidente de la Democracia (dos millones en EEUU, frente al millón que había en 1990; 50.600 en España frente a los 14.500 de 1986; etc.) ¡Miseria en aumento en todo el mundo tecnológicamente globalizado!

7. Y ya nadie cree en psiquiatras, ni en que las drogas legales o ilegales puedan solucionar nada. Y ya nadie cree en gobiernos y políticos, ni en altruismos empresariales. Ya nadie cree, o eso parece, pero todo es mentira. No creen pero van a psicoterapias, no creen pero consumen soma3, no creen pero votan, no creen pero no cuestionan el salario, porque vivimos en una sociedad de crédulos.

Creen que nada se puede cambiar, creen que el que haya que trabajar es inevitable, creen que son necesarios policías, militares y estados. Creen en la necesidad del sistema tecnológico... ¡Creen que es necesario o inevitable su dolor y sufrimiento! ¡Creen en el Infierno! ¡Adoran el Molach! ¡Suben ellos solitos la escalinata hacia el altar del sacrificio y en su camino suicida destrozan todo lo que a esta raza civilizada se le pone al paso!

Suda sangre la Madre Tierra y se levantan sus raíces. Nos empeñamos en que el canto del Apocalipsis parezca un cuento para críos recomendado para todos los públicos... viviendo una realidad no recomendada ni para el peor de los enemigos.

8. Cada vez hay más gente que se rebela contra la Realidad... Pero también hay cada vez más alucinados por residuos marginales de la Realidad que pretenden erguirse en alternativa, y que no son más que otras caras de la misma realidad.

En este país (España) 35.000 personas cada día van a curanderos, brujos, meigas y demás místicos en busca de la redención que la Realidad no les puede ofrecer, de las miserias que ella misma crea. En este país se empiezan a asentar los tele-predicadores yanquis y brasileros, juntando ya miles de almas en estadios de fútbol, precisamente en otro de los grandes escenarios del espectáculo alucinado de la Realidad. Y las sectas no paran de crecer y multiplicarse, como por ejemplo la nazi-mística Nueva Acrópolis, o la adoradora de la superpoblación y el vil metal Opus Dei, sin lugar a dudas mucho más políticamente correcta: ¡y tanto, si la mitad del gobierno son fieles de la Obra!

9. Suelen decir los radicales, los críticos, los intelectuales, los curas, ¡los teólogos de todas las iglesias de la realidad!, que vivimos en una época de crisis de valores. Pero todos mienten, aunque no sean conscientes, pues ellos viven en la Realidad. ¿Crisis de qué valores? ¿Solidaridad, hermandad y todos esos engaños cristianos? ¿O no será una crisis de religiosidad, o existencial?

Lo que vivimos es una crisis de realidad, de seriedad, de posibilismo... Ya nadie cree, pero cree, y eso desconcierta. Es la Realidad la que debemos combatir con todas nuestras fuerzas, y ésta sólo puede ser una tarea emprendida por locos que se escapen del manicomio que es esta Mega-máquina social, para poder incendiarla una vez fuera, para no quemarse en el fuego del apocalíptico fin, que, lo precipitemos o no, consumirá antes o después esta triste Realidad... Una tarea de locos incendiarios y desertores, sin cabida en partido, ONG, o sindicato alguno.


Dónde acaba la realidad comienza la fiesta

“El mundo está lleno de propaganda de su propia existencia.”
(B.Aaronson)

"Matrix nos rodea. Está en todas partes, incluso ahora en esta habitación. Puedes verla si miras por la ventana, o al encender el televisor. Puedes sentirla cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia, o cuando pagas impuestos. Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultar la verdad.
"–¿Qué verdad?
"–Que eres un esclavo, Neo. Igual que los demás naciste en una prisión que no puedes saborear ni tocar. Una prisión para tu mente."

(Matrix)

10. La Realidad es el Espectáculo de la vida fingida (actuada, representada, mediada, delegada). La Realidad es donde todo es tan simple y complejo ante los ojos de los realistas que tal confusión provoca desorientación. Provoca sensación de cordura ante la democrática normalidad, el supuesto actuar y pensar atribuido a la mayoría. Provoca impotencia, la sensación de no poder cambiar las cosas, de no poder participar en el cambio, de no haber siquiera cambio cuando nunca nada ha dejado de cambiar. Provoca pretensión de no cambiar, de no deslindarse de las fronteras de la Normalidad de la persona, dentro de la Realidad.

Es la alucinación de pensar que el cambio no existe, cuando al mismo tiempo se piensa que existe el cambio y alucinadamente se cree uno que no es sujeto sino solamente objeto del cambio. Porque la Realidad no existe, es un imposible sin-sentido contradictorio.

11. La Realidad es la ebria alucinación que se pierde en el resplandor del neón y el cartón piedra.

12. La Realidad es la última frontera que desalambrar antes de empezar a vivir.

13. La Realidad es el Espectáculo que debe ser lo tomado por inmutable y normal.

14. El Espectáculo es la recreación social que ponemos delante de nuestros ojos. Es la ideología superficial de algo más profundo que aquí llamaremos el Sistema.

15. Toda la sociedad ha sido rediseñada para ser espectacular. Las relaciones humanas en gran medida se han vuelto meramente espectaculares, fingidas o representadas. El espectáculo es el arte de la representación.

16. Así el Trabajo ya no sólo es una forma de esclavitud del cuerpo, sino también una forma de esclavitud, mediante la representación, de la mente. Pasamos la tercera parte de nuestra vida actuando en el plano profesional. Una dependienta de un gran almacén debe asumir su papel en el espectáculo, disfrazarse, actuar, relacionarse con las demás personas de la manera que se supone debe actuar una dependienta. Ya no sólo debe vender su “fuerza de trabajo” sino sus palabras, sonrisas... su personalidad, siendo una agradable máquina expendedora de mercancías.

A su vez las personas con las que interacciona deben actuar no como personas sino como actores y desarrollar el papel del cliente que asumen inmediatamente al entrar en el establecimiento.

De esta manera los dos impulsos de esta máquina de infelicidad, venta-consumo, se encuentran en el espectáculo sin que en el funcionar de la máquina haya roce alguno: ninguno se cuestiona el porqué de este pez que se muerde la cola –el Espectáculo– en los lugares donde opera, que son todos, pues deben de estar atentos a su actuar, a ser fieles a sus estatus temporales pero eternos, pues cada día se reproducen: dependiente-cliente.

17. Éste es el circo del gran supermercado. El supermercado es global. El supermercado es el planeta entero con todo lo que hay en él, ya esté vivo, muerto o sea inerme: “materias primas”, “recursos naturales”, “recursos laborales”, “recursos humanos”... ¡Mercancías al fin y al cabo es lo único que vemos, y como tal a todo y todos tratamos!

18. Nos hemos acostumbrado a que todo sea objeto de transacción y hemos hecho de toda relación una transacción. Incluidas, no pocas veces, nuestras relaciones amistosas y amorosas. Hemos convertido esto en mercados, y dependiendo de en que círculo del mercado te muevas unas características de la “mercancía” son más valiosas que otras: el tener un buen coche, el tener dinero, el ser bonito, el ser extrovertido, el ser gracioso, el tener liderazgo, o el ser un/a “rebelde”, el vestir de cierta forma, el pensar de cierta otra...

19. En la producción también opera el espectáculo. La persona trabajadora como si de un acto reflejo se tratara comienza su actuar. No le es difícil, simplemente tiene que amoldar sus movimientos y pensamientos a los de la máquina que utiliza. Envueltos en un mundo rutinario, en una sociedad que parece más un ordenador que un compendio de seres vivos, tras largas horas de “harmonización” con la máquina la persona trabajadora está más que de sobra preparada para este papel en el espectáculo.

20. “Ésta es la Realidad y lo únicamente posible”... Lo demás es locura. Pero la Realidad, que asumimos mediante el espectáculo, no es simplemente la vieja concatenación vital que todo padre quiere para sus hijos de “estudiar para conseguir un trabajo mediante el cual independizarse y tener su propia familia”, con la cual reproducir el círculo social del eterno retorno.

21. La Realidad es aceptar que el despertador de tu mesilla, parte del gran reloj que es el corazón y latir de la Megamáquina social, te ponga en funcionamiento. Es desayunar los productos de un supermercado sin cuestionarse su procedencia, composición, cultivo, la vida que los han creado... Es no cuestionar la división del trabajo, dando por sentado en el inconsciente que todo es producto de una círculo productivo tan mundial como normal, etc., etc.

22. ¡La Realidad es estar en el gran supermercado consumiendo propaganda de la existencia propia de esa mentirosa Realidad, es decir, consumiendo el Espectáculo! Y no sólo es comprar una revista del corazón, ver el Gran Hermano, formar parte del espectáculo deportivo que cada temporada vuelve a comenzar.... ¡No, es mucho más! La propaganda de la existencia de la Realidad es hablar de ir al médico como si esto fuese normal, ¡porque es normal!, es hablar mientras un avión surca los cielos dando por hecho su normalidad, ¡eso es otra forma de propaganda subliminal y no premeditada de la existencia de la Realidad!

23. El Sistema, la Realidad, la Normalidad, no podría subsistir sin que la propia realidad no fuese sino un compendio de objetos-acciones propaganda de su propia existencia. Se derrumbaría. Es por esto que quien cree que “la gente tiene comido el coco por el televisor” no es sino un ciego, en un mundo de tuertos. La televisión, el deporte oficial, etc. son sólo la capa más superficial de la propaganda de la existencia de la realidad. La punta del iceberg. El enorme resto de este helado iceberg es la propaganda más fuerte y definitoria: la propaganda de la tecnología que configura la ideología más fuerte y definitoria de la Realidad: la ideología de la tecnología.

24. La maquinización, la biotecnología, la nanotecnología, el urbanismo para el control y la rebañización, la mecanización de las actividades sociales (transporte, movimiento, creación, recolección...)... El auto, el colectivo (microbus), y las carreteras o trenes, y el uso que de ellas se hace, su fragor, estrés y utilización para la perpetuación de la Realidad son propaganda de la realidad.

25. El Trabajo, los convenios colectivos, la economía y sus “caprichos”, el “trabajar para vivir”, la máquina que has de hacer girar para cobrar un sueldo, el sueldo... ¡Propaganda del Sistema!

26. Comprar en supermercados lo que haciendo girar la máquina has “ganado” en el Trabajo, la división del trabajo... ¡Propaganda del Sistema!

27. Dar por sentado la estabilidad de la sociedad (tecnológica) con sus industrias, urbes y sus interconexiones, y la existencia de la abstracta Bolsa de Valores, del Capital y el Producto Nacional Bruto ¡Propaganda del Sistema!



28. La Sociedad, la Megamáquina o el Sistema –como se le quiera llamar– es la realidad física de la Realidad Espectacular y su propaganda es omnipresente. Al haberse convertido la sociedad en una máquina “con vida propia” –con la industrialización– las personas se ven relegadas a actuar como engranajes. La Máquina, la Sociedad, es impersonal y transciende a las personas: sigue existiendo cuando el individuo muere.

De esta manera la regeneración de individuos simplemente tiene que sustituir al individuo “dado de baja”, en una vida pre-fabricada mucho antes de que él mismo naciese, adaptándose para esta regeneración desde la infancia a los caprichos de la Megamáquina y, a lo largo de su vida, a la mutación de ésta.

29. La Megamáquina está en perpetuo cambio –como todo- pero su existencia y propaganda nos quiere hacer creer que ella trabaja de forma suave, en perpetuo desarrollo y crecimiento. Esto es la Ideología de la calma.

30. Vivimos creyendo que todo fluye, pueden caer las Torres del World Trade Center, explotar Chernobil, o hundirse Argentina, o reventar el Prestige... Aquí no pasa nada, pues nada tiene relación, y si pasa pronto se olvida, porque vivimos en la calma. La Megamáquina que hacemos funcionar “trabaja para nosotros”, sólo tenemos que preocuparnos por vivir... Pero en esta situación lo preocupante son dos cosas: la Megamáquina está actualmente mutando y rediseñando la sociedad hacia un nuevo y más fiero infierno, y, para colmo, bajo la Megamáquina no hay vida posible sino sólo subsistencia.

31. Durante dos millones de años los seres humanos han vivido. La subsistencia no era un vocablo conocido. La lucha por sobrevivir no era preocupación de ningún tipo. Cuando alguna vez un grupo humano se encontraba en una situación en la cual faltaban alimentos (por razones climáticas, o por culpa de su propia depredación del ecosistema donde vivían), al igual que otro animal, vivían o morían. Pero su vida jamás era planteada en términos de futuro. Ahora hemos perdido el carpe diem, el presente, y nuestra vida es una lucha en la subsistencia perpetua (prozac, trabajo, escapar de las mil y una guerras de la civilización, o de las enfermedades que ha creado y expandido la civilización, etc, etc.).

32. Somos lo suficientemente imbéciles para vivir peor –ser menos libres = felices-que hace 2 millones de años–. Lo suficientemente masoquistas para no haber aprendido nada en estos suicidas escasos 6.000 ó 10.000 años de civilización.

33. Somos lo suficientemente alucinados como para no querer escapar de la Realidad. Demasiado realistas para dejar de subsistir y empezar a vivir, distraernos en vez de gozar, porque el realista es un animal cobarde y sin imaginación que no se atreve a ser feliz...

34. Pero cada vez somos más los que nos damos cuenta de que ¡Dónde acaba la realidad empieza la fiesta!


Mirándote a los ojos

“Hombre que ha perdido su contento, para mí ya no es hombre vivo; es un cadáver animado.”
(Sofócles)

“El tiempo no es sino el río donde voy a pescar. Bebo en él, y mientras lo hago, veo su lecho arenoso y veo cuan cerca se encuentra de mí. Su fina corriente transcurre incansable, pero su eternidad permanece. Yo quisiera beber de más hondo; y pescar en el cielo, cuyo cauce está tachonado de estrellas. No puedo contarlas. Ignoro la primera letra del abecedario. Siempre he lamentado no ser tan sabio como el día en que nací.”
(H.D. Thoreau)

35. Comiendo fruta, ayudado por mi cuchillo, sentado a ras de suelo, evaporándose las últimas gotas de rocío de la mañana. Bañando mi cara los primeros rayos del sol, haciéndome entornar los ojos su resplandor, embelesado por la dulce y silvestre sensación me puse a recordar lo que era; lo que fui en otro tiempo.



36. Nunca me gustó la escuela, el primer día que me llevaron a ella –como otros muchos– me largué a llorar, como antes de entrar en ella rompía a llorar cuando se me negaba algo y se imponía por fuerza, o se me obligaba a comer dentro de esos rígidos horarios, esa comida de fábrica. Sollozos como en los que siempre rompí cuando se me domesticaba para poder “vivir” en este domesticado mundo, hecho a la medida de la máquina.

37. Tres meses al año me liberaba de todo ese doloroso tedio; de la escuela aburrida y autoritaria, de la ciudad-hormiguero de hormigón, de sus coches asesinos, carreteras peligrosas, de los horarios mecanizantes, de las prisas angustiosas... Incluso el autoritarismo familiar se suavizaba esos meses, en el campo, en medio del bosque, con el fragor del verano, y la cálida compañía de dos buenos amigos.

38. Eran tres meses eternos. Veranos de plenitud donde no existía el tiempo, ni el pasado ni el futuro, sólo vida gozando siempre, con efímeros ratos de indoloro aburrimiento. Meses en los que la socialización perdía su fuerza al jugar paseando hormigas por las manos, atravesando el bosque en busca de refugios fantásticos, investigando sus secretos. Corriendo siempre, pero por placer y no por prisa. Escalando árboles, en vez de peldaños.

39. Más tarde, más domesticado, los placeres más simples dejaron de tener su encanto, a la par que todo me lo hacían más complejo, y la siempre odiada matemática se adueñaba de mi pensamiento. Volvía a mi refugio silvestre, pero cada vez me era más extraño. Cazaba grillos, como antes perseguía pájaros, pero ahora para encarcelarlos en cajas de zapatos. El aburrimiento cada vez se hacía más largo, y empezó a hacerse doloroso.

Lo habían conseguido: era un ser de diez años –quizás menos, quizás poco más– perfectamente socializado (estandarizado). La conexión intuitiva con la natura y la simpleza, belleza y plenitud de la vida natural había sido rota. El doctor había cortado el cordón umbilical y ya podía ser un eficiente engranaje de su maquinaria social.

40. Fue entonces cuando aparecieron mis depresiones. Hicieron nacer en mí un dios que me miraba desde su omnipotencia, con sus diez leyes de piedra, frío y distante, vengativo, violento y luego cínicamente amable. El dios murió un buen día y me levanté confundiendo el desbordar de mi desesperación con la libertad. Había cumplido los doce años.

Los siguientes fueron años de contraataque donde mi ira incendió ostias en las misas y escupió las caras de los profesores en su más podrida autoridad. Me estaba haciendo adulto, pero los rituales para pasar de esta edad/estatus, en esa desnaturalizada sociedad eran demasiado asquerosos. Jamás sociedad humana habían obligado a tan abyectos autosacrificios para poder ser adulto –eso que llaman “independiente”–.

41. Ahora embelesado, años después, comiendo la fruta de la tentación en el verde bajo el sol, miro el pasado. Guiño un ojo al viejo dios, y sabiendo no recibir respuesta, le juro: “morirá en mi el nuevo dios como moriste tú asqueroso”.

42. Y entonces te miro a tí a los ojos a través del espejo, quiero que veas mis destellos de odio y sientas mi dolor. Ya no hay nadie que me engañe, la causa de mi sufrimiento no la he de buscar en mi interior. Tu estás ahí, y no debo ignorarte. Mi dolor, ¡cierto!, nace de mi inadaptación. No consigo amoldarme a la cuadriculada vida. Soy un “engranaje redondo para clavijas cuadradas”. Y los chispazos de esta desafinación queman mi cuerpo, torturan mi mente, pero también erosionan tu estabilidad.

43. Cada vez somos más. Dentro de poco seremos demasiados los engranajes redondos: ¡Te haremos saltar por los aires! Y por fin la redondez se desenredará en una espiral en la que nos hayamos convertido nosotros mismos, para dejar de ser máquinas y ser fluidez y vida, de nuevo, destruyendo en nosotros el Tiempo; viviendo la voluptuosidad del instante; rescatando el niño que hoy llevamos, como lastre, moribundo, enterrado muy profundo.

44. Y te miro a los ojos, en la oscuridad y bajo las estrellas, clandestino como los zorros que habitaban mi bosque. Tengo una herida abierta en mi corazón. La culpa y causa de ella se encuentra en identidad. Y no tiene perdón posible; ni armisticios, ni pactos, ni treguas. Sólo su muerte podrá resarcirme. Aúlla mi dolor, y como lobo herido busco sangre que derramar. Sólo en tus entrañas purgadas al límpido aire encontraré la miel de la venganza. De sus cenizas alzará el vuelo el pájaro de fuego que anuncie un nuevo amanecer... Donde no haya nunca más ni un resquicio de domesticación, donde el planeta pueda dejar de contener la respiración, y rebrote verde de alivio, donde sólo exista la simpleza de la libertad, sin dios alguno, por siempre salvaje.


Desde la domesticación

“Todos, en fin, hablando sin cesar de necesidad, de avidez, de opresión, de deseos y orgullo (...) hablaban del hombre salvaje, pero dibujaban al hombre civil.”
(J. Rosseau).

“Y dejamos que los niños pequeños vengan a nosotros para impedirles a tiempo que se amen a sí mismos: así lo procura el espíritu de la pesadez.
“Y nosotros –¡nosotros llevamos fielmente cargada la dote que nos dan, sobre duros hombros y ásperas montañas! Y si sudamos se nos dice: “¡Sí, la vida es una pesada carga!
“¡Pero sólo el hombre es para sí mismo una carga pesada! Y esto porque lleva cargadas sobre sus hombros demasiadas cosas ajenas. Semejante al camello se arrodilla y se deja cargar bien.”

(F. Nietzsche).

45. Hace 1.7 millones de años apareció el homo erectus. Un espécimen que por la forma y capacidades de su cerebro y su físico, creemos debe ser considerado el inicio del ser humano.

46. Durante la práctica totalidad de ese tiempo, de nuestra historia, el ser humano llevaba su pertenencia en la palma de la mano, surcando los bosques, subiendo y bajando colinas, bebiendo ríos, de forma nómada y unido con la naturaleza. Sin nada sobrenatural, sin dios, y por mucho tiempo, sin pensamiento abstracto jerarquizante.

47. No se sabe muy bien cuándo, pero sin lugar a dudas bastante recientemente, empezaron a surgir las primeras valoraciones jerarquizantes del pensamiento abstracto (raíz del autoritarismo).

La separación, por el pensamiento, de la naturaleza en naturaleza y humanos generó todas las relaciones asimétricas que hoy conocemos (sexismo, explotación, especismo...) e hizo factible el progreso, o lo que es lo mismo: el camino hacia la total aniquilación, pasando antes por unos pocos milenios de dolorosa alienación.

48. Con el ritual llegó el chamán, con el chamán la religión. Con la religión el pez se mordió la cola, y encontraron todas las autoridades un justificante en lo no natural, en lo religioso, lo sobrenatural.

49. Pero todo esto es muy reciente. En las bandas de recolectores-cazadores donde no existía dominación de la natura, donde no existía domesticación de humanos y demás formas de vida, no existía tampoco la propiedad, el sexismo, la violencia ni organizada ni generalizada, ni el suicidio, siendo casi desconocida la violencia mortal, viviendo en una opulencia económica relativa, viviendo el eterno presente que eternamente retornaba en sí para jamás perderse en las ansias del futuro. Jamás se relegaba ni delegaba la vida.

50. Aún hoy en día existe algún grupo que cumple estas características, si bien muy pronto morirán bajo la insensible garra de la civilización: los bosquimanos en Botswana, los Jarawa en la India... Todos morirán o acabarán de prostitutas, obreros o amas de casa.

51. El ser humano, como todo animal, a lo largo de sus milenios de evolución ha ido adaptándose al medio biológica y “culturalmente”. Existe en la ecología un principio que se llama el Principio de Tolerancia, según el cual cuanto más diverja el entorno a aquel con el cual la especie se ha ido formando, se hace cada vez más difícil la conducta adaptable, o incluso ésta se vuelve imposible. Esto vale para cualquier ser vivo, incluido el ser humano.

52. No obstante, sólo un idiota, un biologicista, no se percataría de que la cultura puede hacer que la capacidad adaptativa varíe sustancialmente. No obstante, sólo un idiota, un culturalicista, no se percataría que por mucho que la cultura influya también lo hace lo biológico de forma, en muchos casos, definitoria.

53. La domesticación no es el estado cultural natural del ser humano. La sociedad de masas tampoco es su forma política. El ecosistema industrial no es su medio.

54. Es falso que el ser humano se haya adaptado a estos bruscos cambios de vida y entorno ecológico, ocurridos como irrupción volcánica en los últimos milenios: la agricultura y la sedentarización por un lado, la industria y la mecanización de la sociedad y el individuo (ahora masa) por otro.

55. El ser humano no se ha adaptado: se ha resignado como animal domesticado que es al ver el cinto del padre asesino: la Sociedad Tecnológica (Sociedad de Masas). Esto es evidente, incluso para el más ciego de los científicos de este mundo de tuertos. La guerra es una expresión de esa falta de adaptación, las mil y una revueltas campesinas con las “tradicionales” quemas de registros de propiedad otra. ¡El surgimiento de la ciencia psicológica para el control social en el maquinizado siglo XX, otra!

La existencia de policías y drogas para calmar el dolor son evidente prueba de esta inadaptación. Todos somos inadaptados, y esto es normal: el ser humano no está “hecho” para vivir en sociedades de 40 millones de habitantes, vive en grupos pequeños –incluso en las sociedades de masas si de manera funcional y asimilados–, siendo todo lo que se escapa al grupo y sus interconexiones horizontales un lastre nefasto.

56. El ser humano domesticado es el camello que se arrodilla para coger la carga de lo que no le es propio, para acabar creyéndose que sí lo es, y se sumerge en la Realidad: “la guerra es humana, la explotación es humana, el que la vida sea una carga es humano”. Pero todo eso mentira, porque ya lo hemos dicho: La Realidad no existe.

57. Casi dos millones de años de vida en plenitud son una prueba. Pero no nos importa. ¿Acaso sería posible volver al pasado? No. Pero tenemos que tener algún referente...

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