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Pasajeros en Tránsito

Nativos

10 Febrero 2011 , Escrito por blackrainbow Etiquetado en #Tradición

El esfuerzo aplicado por los actuales habitantes de norteamerica sobre los nativos indios americanos es debido a que representan uno de los ultimos bastiones libres de seres humanos que son capaces de cohabitar con su entorno de modo natural. Hoy en dia es imposible encontrar ya poblaciones ya sean indigenas o no que vivan fuera del sistema normalizado actual de forma de vista consumista-occidental. Asi todas las personas que discrepan sobre este modo de vida son rápidamente borradas de la opinión pública.

Hoy en dia si cualquiera de nosotros que habitamos en paises occidentales decidieramos vivir de forma natural lo tendriamos sencillamente imposible.

 

Aqui dejo un viedo que explica como a los indios nativos americanos se les fue adoctrinando en el cristianismo y en el modo de vida occidental. Habla de como las reservas fueron una tapadera de verdaderos campos de concentración. Y de como le sprohibieron hablar y celebrar sus ritos para de este modo se fuese perdiendo su ancestral sabiduria.

 

 

 

 

del silencio...

Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.


Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa, nos decían. Ésa es la manera de vivir despiertos.


Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y la mente quietos y entonces, aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar sin temor.


Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le llaman “resolver un problema”. Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.


A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.


La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.


Existen muchas voces además de las nuestras. Muchas voces.

 

Dejame decirte como perdimos la tierra, no era nuestra tierra, como is nos perteneciera.

 

...la tierra estaba viva

 

“Déjame decirte cómo perdimos la tierra. No era nuestra tierra, como si nos perteneciera. Era la tierra donde cazábamos o donde nuestros ancestros estaban sepultados. Era la tierra que el Creador nos había dado. Era la tierra donde sucedían nuestras historias sagradas. Había lugares sagrados en ella. Nuestras ceremonias se realizaban aquí. Conocíamos a los animales. Ellos nos conocían a nosotros. Presenciamos el paso de las estaciones en esta tierra. Estaba viva, como nuestros abuelos. Éramos parte de ella. La tierra era parte de nosotros. Nosotros ni siquiera sabíamos lo que era ser propietarios de la tierra. Es como decir que eres propietario de tu abuela. Para nosotros, la tierra estaba viva. Mover una piedra significaba cambiarla. Matar a un animal era quitarle algo a ella. Tenía que haber respeto.
Nosotros no vimos respeto en esa gente. Ellos cortaban los árboles y dejaban a los animales en el lugar donde les disparaban. Hacían ruidos fuertes. Parecían salvajes. Su paso era pesado y hacían mucho ruido. Y luego esa gente nueva comenzó a pedirnos la tierra. Querían darnos dinero por la tierra. Nuestra gente no aceptó eso.

Entonces esa gente dijo que ya no pertenecíamos aquí. Que había un jefe en Washington, una ciudad muy lejana, y que la tierra era de él, y que él había dicho que esa gente podía vivir aquí y nosotros no.
Pensamos que estaban desquiciados. Esas personas cabalgaban por la tierra y colocaban una bandera, y luego decían que todo, desde donde habían empezado hasta donde ponían la bandera, les pertenecía. Eso es como si alguien disparara una flecha al cielo y dijera que todo el cielo hasta donde llegara la flecha le pertenecía. Nosotros pensamos que esa gente estaba loca. Ellos hablaban de propiedad. Nosotros hablábamos de la tierra.
Tu gente vino de Europa porque querían tener propiedades. Ellos habían trabajado para otras personas que les habían quitado sus propiedades y las cosas que cultivaban. Nunca habían tenido nada porque no tenían propiedades. Eso era lo que más deseaban tener.

Todos ellos pensaban que quien tuviera un pedazo de papel diciendo que era dueño de la tierra podría controlar todo lo que sucediera en ella. La gente vino aquí para conseguir propiedades. Nosotros no sabíamos esto. Ni siquiera sabíamos lo que significaba. Nosotros simplemente le pertenecíamos a la tierra. Ellos querían adueñarse de ella.

Su religión no vino de la tierra. Podían llevarla a todos lados con ustedes. Su religión estaba en una copa y un pedazo de pan que podían llevarse en una caja. Sus sacerdotes podían hacer sagrado cualquier lugar. Y no podían entender que lo que era sagrado para nosotros era el lugar donde estábamos, porque ahí era donde sucedían las cosas sagradas y donde los espíritus nos hablaban. Tu gente no sabía nada acerca de lo sagrado de la tierra. Ustedes estaban matando a todos los animales. El búfalo había desaparecido. Las aves habían desaparecido. Ustedes no nos permitían cazar. Nos daban mantas y whisky que enloquecía a nuestra gente. Nos pusieron en pequeños corrales de tierra que eran como pequeñas islas en su gran mar.

Lo peor es que ustedes nunca nos escucharon. Ustedes vinieron a nuestra tierra y nos la quitaron, y ni siquiera nos escucharon cuando les tratamos de explicar. Hicieron promesas y rompieron cada una de ellas. Nos mataron sin quitarnos la vida. Nos mataron al convertir nuestra tierra en pedazos de papel y sacos de harina y mantas, diciéndonos que eso era suficiente. Ustedes nos quitaron los lugares donde los espíritus nos hablaban y nos dieron sacos de harina.
Para nosotros la tierra estaba viva. Ella nos hablaba. Nosotros la llamábamos nuestra madre. Si ella estaba enojada con nosotros, no nos daba alimentos. Si nosotros no compartíamos con los demás, ella nos enviaba inviernos duros o plagas de insectos. Teníamos que hacer cosas buenas por ella y vivir de la manera que ella consideraba apropiada. Ella era la madre de todo lo que habitaba en ella, así que todos eran nuestros hermanos. Los osos, los árboles, las plantas, el búfalo. Todos eran nuestros hermanos y hermanas. Si no los tratábamos bien, nuestra madre se enojaba. Si los tratábamos con respeto y honor, ella se sentía orgullosa.
Para tu gente la tierra no estaba viva. Era algo así como un escenario donde podían construir cosas y hacer que sucedieran cosas. Veían al lodo y los árboles y el agua como cosas importantes, pero no como hermanos y hermanas. Esas cosas existían sólo para ayudar a los humanos a vivir.

Ustedes tomaron la tierra y la convirtieron en propiedades. Ahora nuestra madre está en silencio. Pero nosotros aún intentamos escuchar su voz

 

 

 

Extractos del libro “Ni lobo ni perro. Por senderos olvidados con un anciano indio” de Kent Nerburn.

 

 

 

Sabiduria Nativa: (textos enhttp://www.filosofiadigital.com/?p=535)

 

Puedo decir ahora mismo que no hay secretos. No hay misterios. Sólo hay sentido común.” (OREN LYONS, onondaga, 1990).

 

El hombre que mantiene su ser siempre en calma e imperturbable a pesar de las tormentas de la existencia (sin que ni una hoja, como si dijéramos, se agite en el árbol; ni un rizo sobre la superficie del estanque luminoso), ese hombre, en opinión del sabio iletrado, tiene la actitud y la conducta ideales en la vida.

Si le preguntas qué es el silencio te contestará: “¡Es el Gran Misterio! ¡El silencio sagrado es su voz!”. Si le preguntas cuáles son los frutos del silencio te dirá: “El dominio de sí mismo, el auténtico valor o resistencia, la paciencia, la dignidad y la reverencia. El silencio es la piedra angular del carácter.”

 

No soy tan simple como para no saber que es mejor comer buena carne, dormir cómodamente, vivir tranquilo con mis mujeres y mis hijos, reír y disfrutar con los ingleses y ser su amigo, comerciar con ellos cobre y hachas, que escapar de ellos…

 

Los humanos hacen poco. Creen que saben mucho… Los humanos no pueden hacer un árbol” (FIDELIA FIELDING, mohicana, 1904).

 

Durante todo este tiempo nunca les pregunté a ellos (a la abuela y al abuelo) ni a nadie “¿por qué?”. Hacerlo habría significado que no estaba aprendiendo nada, que era estúpido. Y en la sociedad occidental si no preguntas por qué se creen que eres estúpido. Así que como aprendí a no preguntar por qué sino a escuchar, a ser consciente, doy por sentado que la gente se conoce y me conoce: eso es religión. Y cuando nos conocemos a nosotros mismos podemos unir nuestros sentimientos y compartir este conocimiento (SOGE TRACK, pueblo Taos, 1976).

No haces preguntas cuando creces. Observas, escuchas, esperas y te llega la respuesta” (LARRY BIRD, pueblo Laguna).

Mi pueblo era sabio. Nunca desatendía a los jóvenes ni dejaba de mostrarles las obras realizadas por los hombres ilustres de la tribu. Nuestros maestros eran pacientes y concienzudos. Eran nuestros abuelos, nuestros padres y nuestros tíos. Todos alaban la excelencia con prontitud sin decir una palabra que pudiera desalentar a algún niño que fuera menos capaz que otro. El niño que no aprendía una lección sólo recibía más lecciones, más atención, hasta que llegaba todo lo lejos que podía” (PLENTY-COUPS, crow, 1928).

 

En nuestra forma de vida, en nuestro gobierno, en todas las decisiones que tomamos, pensamos siempre en la séptima generación futura. Nuestro trabajo consiste en procurar que los que vengan después, las generaciones que aún no han nacido, no encuentren un mundo peor que el nuestro (y es de esperar que sea mejor). Al caminar sobre la Madre Tierra, posamos siempre los pies con cuidado porque sabemos que las caras de de las generaciones futuras nos miran desde abajo. Nunca las olvidamos” (OREN LYONS, onondaga, 1990).

En el corazón de todos los hombres alienta el profundo anhelo de una fe permanente y firme, la creencia positiva y satisfactoria en alguna existencia futura. Esa fe estabiliza el carácter y muchos de nuestros jóvenes no tienen esa ancla para el alma” (THOMAS WILDCAT ALFORD, shawnee, 1930).

Al principio del tiempo, en la época de la Creación, también apareció nuestro pueblo. No teníamos maestros, no teníamos instructores, no teníamos escuelas. Tuvimos que volvernos a mirar la Creación. Tuvimos que estudiar la Naturaleza. Y tuvimos que imitarla. Toda nuestra civilización se basó en el estudio de la Naturaleza. Esos fueron nuestros instructores en el principio de los tiempos. Nuestra religión apareció en esa época. Establecimos nuestra forma de vida mediante este tipo de estudio. Así que organizamos nuestros gobiernos de acuerdo con el estudio de la Naturaleza. Nos regíamos por un gobierno inalterable, el gobierno tradicional de nuestros antepasados. Las normas por las que nos regíamos no cambiaron hasta tiempos recientes.

Nuestra forma de gobierno era milenaria. Era una ley práctica para nosotros. Nos ateníamos a las normas aceptadas. Hoy en todo nuestro territorio los antropólogos y los historiadores remueven la tierra para encontrar la historia del Hemisferio Occidental. Pero no han encontrado ninguna cárcel. No han encontrado prisiones. No han encontrado manicomios. ¿Cómo vivían sin esas instituciones las diferentes naciones de pueblos que hablaban tantas lenguas distintas?

Toda la Creación sigue aún esas Normas de la Vida. El árbol, los frutos, ellos nunca fallan. Ellos nunca se equivocan al traer los frutos en su estación. Los animales nunca cometes un error. Viven tal como fueron creados. En la Creación, ¿cuáles son las Normas de Vida del Hombre?” (PHILLIP DEERE, cric-muscogui, 1977).

 

Si examinamos la religión tribal amerindia hallamos una notable ausencia de temor a la muerte. Los túmulos indican la creencia de que la vida tras la muerte era una continuación de la existencia vivida. No se creía que el alma tuviera que responder de los delitos y faltas según una norma ética previamente establecida. Todo eso ya se hacía en vida del individuo.

Hace unas décadas asistí en Misión (Dakota del Sur) a un entierro en un cementerio cristiano. Cuando el difunto ya estaba en la tumba y los asistentes permanecían en pie delante, una anciana se adelantó y depositó una naranja en la sepultura. El sacerdote episcopaliano que había celebrado el oficio se acercó rápidamente y retiró la naranja diciendo: “¿Cuándo crees que vendrá el difunto a comer esta naranja?”. Uno de los sioux presentes dijo: “Cuando venga el alma a oler las flores”. Nadie añadió nada” (VINE DELORIA, JR., sioux oglala, 1973).

 

Cuanto más listo es un hombre más necesita que Dios le proteja para no creer que lo sabe todo” (GEORGE WEBB, pima, 1959).

Dices que te han enviado para que nos enseñes a rendir culto al Gran Espíritu según su voluntad y que si no aceptamos tu religión que enseñáis vosotros los blancos seremos desgraciados después. Decís que tenéis razón y que nosotros nos equivocamos. ¿Cómo sabemos que eso es cierto? Sabemos que vuestra religión está escrita en un libro. Si nos hubiera estado destinada a nosotros como a vosotros, ¿por qué no nos la ha dado el Gran Espíritu?

Hermano, dices que sólo hay una forma de adorar y servir al Gran Espíritu. Si sólo hay una religión, ¿por qué estáis vosotros tan en desacuerdo? Si podéis leer todos el libro, ¿por qué no estáis todos de acuerdo?

No entendemos estas cosas hermano. También nosotros tenemos una religión que recibieron nuestros antepasados y que hemos heredado nosotros, sus hijos. Rendimos culto de esa forma. Nos enseña a agradecer todos los favores recibidos; a amarnos los unos a los otros y a estar unidos. Nosotros nunca reñimos por la religión” (CASACA ROJA a un misionero cristiano, seneca, 1805).

No sé de dónde viene nuestro humor, pero puede existir la peor situación del mundo y puedes sentarte ahí y reír. Supongo que es porque siempre surge lo bueno de nuestro interior sin que importe cuándo o dónde” (RENNE HALLETT, seneca tonawanda, 1993).

La primera paz, que es la más importante, es la que surge en el interior de las almas de los hombres cuando comprenden su relación, su identidad con el universo y todos sus Poderes, y cuando comprenden que en el centro el universo mora Wakan-Tanka y que este centro en realidad está en todas partes, está en el interior de cada uno de nosotros. Esta es la verdadera Paz y las demás son sólo reflejos de ella. La segunda paz es la que existe entre dos personas, y la tercera es la que se hace entre dos naciones. Pero has de entender sobre todo que nunca puede haber paz entre las naciones si primero no se conoce la verdadera paz que, como he dicho muchas veces, está en el alma de los hombres” (ALCE NEGRO, lakota oglala, 1948).

Una diferencia importante entre nuestra gente y la de la sociedad dominante hoy es la humildad. Entre nosotros, por muy lejos o muy arriba que lleguen, las personas saben que siguen siendo pequeñas en presencia de Dios y del universo” (LINCOLN TRITT, atapasco gwichin, 1989).

Creemos que el espíritu impregna todo lo creado y que todas las criaturas poseen un alma en algún grado, aunque no forzosamente un alma consciente de sí misma. El árbol, la cascada, el oso gris, cada uno de ellos es una Fuerza encarnada y, como tal, objeto de reverencia” (OHIYESA/DR. CHARLES A. EASTMAN, Dakota santee, 1902).

 

 

 

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