Wednesday 7 july 3 07 /07 /Jul 16:32

"Levanta tu corazón hacia Dios con una humilde conmoción de amor; oriéntate hacia Él, y no hacia alguno de Sus bienes... La primera vez que lo hagas no encontrarás sino oscuridad; y como si fuese una nube del no conocer, no sabiendo el qué, excepto que sentiste en tu voluntad una intención descubierta hacia Dios. Esta oscuridad y esta nube se halla, de cualquier manera que lo hayas hecho, algo entre tú y tu Dios, que no te deja ni verle a Él claramente por la luz del entendimiento en tu razón, ni sentirle en la dulzura del amor en tu afecto. Y, por lo tanto, determina esperar en estas tinieblas tanto como puedas, continuamente clamando a Él que lo amas.

Pues cuando digo oscuridad, quiero decir una falta de conocimiento: todas aquellas cosas que no conoces, o que has olvidado. Esto es oscuridad para ti; pues lo ves no con tu ojo fantasmal. Y por esta razón no se le llama una nube en el aire, sino una nube de desconocimiento, que se halla entre tú y tu Dios.
Y si alguna vez vienes a esta nube y moras y trabajas en ella, como te estoy
5 Vease especialmente Ronald S. Wallace, La Doctrina de Calvino sobre la Palabra y
invitando, reconociendo que esta nube de desconocimiento se halla por encima de ti, entre tú y tu Dios, de igual forma coloca una nube de olvido por debajo de ti; entre tú y todas las otras criaturas hechas. Quizás pensaste, como una posibilidad, que te hallas lejos de Dios porque esta nube de desconocimiento se halla entre tú y tu Dios: pero con seguridad, como bien es concebido, te hallas bastante lejos de Él cuando no tienes ninguna nube de olvido entre tú y todas las criaturas hechas."


“Mas ahora me preguntas cómo destruirías ese desnudo conocer y sentir de tu propio ser. Pues por ventura piensas que, si se destruyera, todos los demás estorbos quedarían destruidos, y si así piensas, piensas muy rectamente. Mas a ello te contesto diciendo que, sin una plena gracia especial concedida por la libérrima voluntad de Dios y también una plena capacidad de tu parte para recibir esta gracia, ese desnudo conocer y sentir de tu ser no puede en ningún modo ser destruido. Y esta capacidad no es nada más que un fuerte y profundo pesar espiritual... Todos los hombres tienen motivos de pesar, pero más especialmente los tiene el que conoce y siente que él es. Todos los otros pesares, en comparación con éste, no son sino como cosa de juego con respecto a lo serio. Pues puede pesarle seriamente al que conoce y siente no sólo lo que es, sino que es. Y al que nunca sintió tal pesar, pésele ya; pues todavía nunca sintió un pesar perfecto. Este pesar, cuando se tiene, limpia el alma, no sólo de pecado, sino también del dolor que mereció por su pecado; y asimismo hace al alma capaz de recibir el gozo que arranca del hombre todo conocer y sentir de su ser.
Este pesar, si es rectamente concebido, está lleno de santo deseo; de otro modo el hombre jamás podría en esta vida soportarlo. Pues si no fuera que el alma se sustenta de consuelo por su recto obrar, no podría el hombre soportar el dolor que tiene en el conocer y sentir de su ser. Pues tantas veces como quisiera alcanzar un verdadero conocer y sentir de su Dios en pureza de espíritu (como aquí se puede) y luego sintiera que no puede —por encontrar siempre su conocer y sentir ocupado y colmado, por así decirlo, por un sucio y hediondo Culto de sí mismo, el cual debe ser siempre odiado, despreciado y desechado, si se quiere ser perfecto discípulo de Dios, enseñado por El mismo en el monte de la perfección—, tantas veces se vería a punto de enloquecer de pesar...
Tal pesar y tal deseo, toda alma debe tenerlo y sentirlo en sí misma (de este u otro modo), según condescienda Dios a enseñar a sus discípulos espirituales según la buena voluntad de Él y la correspondiente capacidad de ellos, en cuerpo y alma, en grado y disposición, para el tiempo en que puedan ser perfectamente unidos a Dios en perfecta caridad —según puede alcanzarse aquí, si Dios lo otorga."


“Por el amor puede Él ser habido y retenido, mas por el pensamiento nunca.”


“La forma más sencilla y más extensamente practicada de ejercicio espiritual es la repetición del nombre divino, o de alguna frase que afirme la existencia de Dios y la necesidad que el alma tiene de su apoyo.”
“Y, por tanto, cuando te dediques a esta obra (de contemplación) y sientas por gracia que eres llamado por Dios, alza tu corazón a Dios con una mansa agitación de amor. Y piensa en Dios que te hizo y te rescató y graciosamente te llamó a tu condición, y no recibas otro pensamiento acerca de Dios. Y no todos éstos, si no lo deseas, pues una escueta intención dirigida a Dios, sin ninguna otra causa que El mismo, basta plenamente.
Y si deseas envolver esta intención en los pliegues de una sola palabra, para tener mayor asimiento de ella, toma tan sólo una palabra breve pues así es mejor que no larga, pues cuanto más breve es la palabra, tanto mejor conviene a la obra del espíritu. Y una voz así es la palabra DIOS o la palabra AMOR. Elige la que quieras, el breve vocablo que más te plazca. Y une esta palabra a tu corazón, de modo que nunca se aparte de él por cosa alguna que suceda.
La palabra será tu escudo y tu lanza, vayas en son de paz o en son de guerra. Con esta palabra golpearás esta nube y esta oscuridad que se cierne sobre ti; con esta palabra derribarás todo modo de pensamiento bajo la nube del olvido. De tal modo que, si algún pensamiento te apremia para que declares lo que quieras, contesta tú sin más palabras que esta sola palabra (DIOS o AMOR) Y si se ofrece, con su gran ciencia, para exponerte esa palabra dile que la quieres entera, y no quebrada ni deshecha. Y si te mantienes asido a este propósito, está seguro de que ese pensamiento no permanecerá mucho tiempo.”

“No desmenuzando ni exponiendo estas palabras con curiosidad de ingenio, no considerando las cualidades de estas palabras como si quisieras por tal consideración aumentar tu devoción. Creo que nunca debería ser así en esta casa y en esta obra. Sino mantenías enteras, estas palabras; y piensa en PECADO como en un bulto, no sabes qué, y no es otra cosa que tú mismo... Y como sea que, mientras vivas en esta miserable vida, habrás de sentir siempre en alguna parte este sucio, hediondo bulto del pecado, hecho uno, por así decirlo, y congelado con la sustancia de tu ser, por ello pensarás alternativamente estas dos palabras —PECADO y DIOS. Con el general entendimiento de que, si tuvieses a Dios, deberías carecer de pecado; y si pudieses carecer de pecado, deberías tener a Dios.”


“Así, pues, si quieres mantenerte y no caer, no ceses jamás en tu intento, sino hiere sin cansarte esta nube del desconocer que está entre tu Dios y tú, con el agudo dardo de un anhelante amor. Y aborrece el pensar en algo que sea inferior a Dios. Y no te apartes por nada, suceda lo que suceda. Pues sólo esto es la obra que destruye el terreno y la raíz del pecado...
Sí, y ¿qué más? Llora cuanto quieras por el pesar de tus pecados, o de la pasión de Jesucristo; piensa cuanto quieras en los gozos del cielo. ¿Qué te hará? Sin duda te redundará en mucho bien, gran ayuda, gran provecho, mucha gracia. Pero, en comparación con esta ciega moción de amor, poco es lo que hace, o puede hacer, sin ella. Ella es de suyo la mejor parte de María, sin lo demás. Lo demás sin ella poco aprovecha, o nada. No sólo destruye el terreno y la raíz del pecado, como puede hacerse aquí, sino que también obtiene virtudes. Pues si es rectamente concebida, todas las virtudes serán sutil y perfectamente concebidas, sentidas y comprendidas en ella, sin mezcla alguna de tu intención. Y, sin ella, por virtudes que tenga un hombre, estarán todas mezcladas con algo de torcida intención por lo cual serán imperfectas. Pues la virtud no es otra cosa que un ordenado y mesurado afecto claramente dirigido a Dios por Sí mismo.”


“Cuando sientas que en ningún modo puedes alejarlas (las distracciones) encógete bajo ellas como un vil cobarde vencido en la batalla, y piensa que sería locura luchar más con ellas y, por lo tanto, te entregas a Dios en manos de tus enemigos... Y ciertamente, creo yo, si esta treta está bien concebida, no es sino un verdadero conocerte y sentirte como eres, cosa miserable y sucia, mucho peor que nada; y este conocer y sentir es mansedumbre. Y esta mansedumbre merece que Dios descienda poderosamente a vengarte de tus enemigos, de modo que te alce y cariñosamente seque tus ojos espirituales, como lo hace el padre a su hijo que está a punto de perecer bajo los hocicos de puercos salvajes y las dentelladas de osos furiosos.”

"La nube del desconocer"



La nube del desconocer es el apodo al que se conoce un monje anonimo que vivió en Inglaterra en el siglo XIV

Por blacrainbow - Publicado en: Frutos
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