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Pasajeros en Tránsito

El rayo de Dios y el rayo del Diablo (II) ―electrosmog, o el nacimiento de la contaminación electromagnética

22 Marzo 2012 , Escrito por blackrainbow Etiquetado en #Asedio


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Por primera vez en nuestra historia evolutiva, hemos generado un entorno completamente secundario, virtual, densamente complejo ―una sopa electromagnética― que esencialmente se superpone al sistema nervioso humano.

(Dr. Michael Persinger, neurocientífico en la Laurentian University que ha estudiado los efectos de los campos electromagnéticos en células cancerosas).

 

 

Tras ver en la primera parte de este artículo cómo el sistema bioeléctrico humano necesita de las influencias de la Tierra y de la atmósfera para estar sano, en esta segunda parte vamos a ver un ejemplo perfecto de los horrores que se desatan cuando el hombre deja de ser el centro del mundo y de su propia obra, abriendo la caja de Pandora y confiriéndole el protagonismo a la materia inerte y al beneficio económico. Actualmente tendemos a pensar que lo hacemos todo bien, que existe un progreso lineal e indefinido y que somos "civilizados", cuando lo cierto es que nunca antes se había tratado al cuerpo humano con el salvajismo y el desprecio con el que se lo trata ahora. Posiblemente, para un cazador-recolector del Paleolítico, los bárbaros seríamos nosotros, que estamos atacando sin cuartel la biología humana, dilapidando la herencia genética de innumerables milenios y quemando los recursos finitos del planeta, todo ello sin dejar de auto-considerarnos la cumbre de la evolución.

 

Antes de que Thomas Edison y Nikola Tesla descubriesen cómo utilizar la electricidad, los únicos campos electromagnéticos a los que estaba expuesto el hombre eran:

 

• El campo geomagnético de la Tierra, con una fuerza de 0,5 miligauss y frecuencias de entre 1 y 30 herzios (ciclos) por segundo (varía por zonas y épocas). La mayor potencia y amplitud del campo se produce entre los 7 y 10 Hz. Curiosamente, las ondas cerebrales humanas también van de 1 a 30 Hz, y a las de 10 Hz se les llama ondas alfa, propias de un buen estado de salud.

 

• Las radiaciones electromagnéticas naturales y campos gravitatorios procedentes del Sol, otros cuerpos astrales y el espacio exterior.

 

• Los campos electromagnéticos naturales procedentes de otros seres humanos, animales, plantas, minerales, vientos y condiciones atmosféricas, que básicamente son un producto de la interacción entre la Tierra y el espacio.

 

Durante millones de años, el cerebro, el cuerpo y el código genético de nuestros antepasados evolucionaron en plena sintonía con el campo geomagnético de la Tierra, del cielo y otras fuentes menores naturales. Sin embargo, desde que la industrialización favoreció la construcción y el empleo de aparatos eléctricos, cada vez estamos más expuestos a campos electromagnéticos artificiales. Dichos campos son cada vez más potentes, y sumamente prejudiciales, ya que funcionan en potencias y frecuencias artificiales a las que nuestra biología no está en absoluto adaptada.

 

Que no podamos ver todo lo infrarrojo o ultravioleta con nuestros ojos no significa que no exista, o que no nos afecte. Como hemos visto en la primera parte, la glándula pituitaria y la pineal son sensibles a estas oscilaciones. Actualmente el espacio aéreo del planeta entero está totalmente infestado de ondas electromagnéticas de todo tipo: radio, telecomunicaciones, señales por satélite, microondas, radares, etc. Hemos creado una diabólica red de millones y millones de campos electromagnéticos cuyas frecuencias y potencias no existen en la Naturaleza, que surcan el aire y que anulan el suave pulso natural del campo terrestre.

 

Antes de meternos de lleno en el tema, veremos cómo se divide el espectro electromagnético.

 

 

 

TIPOS DE RACIACIONES ELECTROMAGNÉTICAS

 

La potencia de un campo magnético (la llamada "densidad de flujo magnético" o "inducción magnética") se mide por gauss (G) y miligauss (mG), en honor al genio alemán Karl F. Gauss. Para hacernos una idea, el campo geomagnético de la Tierra ronda los 0,5 miligauss. Las zonas urbanas suelen rondar los 3 mG, las suburbanas entre 1 y 3 mG, y el campo de una maquinilla de afeitar eléctrica puede alcanzar los 400 mG (!).

 

La frecuencia de una radiación electromagnética se refiere al "pulso" de la vibración, es decir, su longitud de onda. "Baja frecuencia" significa que la onda es larga, que la señal es "lenta" y que la radiación es más intensa cuanto más baja sea la temperatura del objeto afectado. "Alta frecuencia" significa que la onda es corta, que la señal es "rápida" y que la radiación es más intensa cuanto más alta sea la temperatura del objeto afectado. La frecuencia se mide en herzios (Hz, en honor al físico alemán Heinrich Hertz), megaherzios (MHz, un millón), gigaherzios (GHz, mil millones), o teraherzios (THz, un billón), y que se refieren a la cantidad de "ciclos" o repeticiones de la señal en un segundo. Un herzio significaría un "parpadeo" u oscilación por segundo. El campo geomagnético de la Tierra anda entre 1 y 30 Hz, y el del ser humano sano, entre 7 y 10, como hemos visto antes.

 

Atendiendo a la frecuencia, el espectro electromagnético está dividido en bandas o "sectores", cada uno con unas características determinadas. A continuación veremos las diversas bandas, de menor a mayor frecuencia.  

 

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Click para agrandar. Las bandas del espectro electromagnético.  

 

• ELF (Extremely Low Frequency, o frecuencia extremadamente baja). Entre 0 y 30 Hz. Longitudes de onda de más de diez mil km. Considerada frecuencia de "sub-radio". Torres y tendidos eléctricos, cables domésticos, ordenadores, etc. Pueden causar que corrientes eléctricas recorran el cuerpo. Algunos programas militares utilizan esta frecuencia para manipular la ionosfera, encontrar hidrocarburos, depósitos de armas, instalaciones subterráneas enemigas, etc. Uno de los principales problemas planteados por los ELF es que sus frecuencias incluyen aquellas a las que funciona el cerebro humano y la Tierra. Esto explica que la presencia de instalaciones de ELF se relacione con una serie de males cerebrales como la leucemia (especialmente infantil), la demencia, los dolores de cabeza, interrupciones del sueño, los mareos o el alzheimer, así como que existan armas basadas en radiaciones EMF, capaces de manipular hasta cierto punto el comportamiento humano y la corteza terrestre.

 

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Artefactos de ELF del programa HAARP.

 

ONDAS DE RADIO. Entre 30 Hz y 300 MHz. Longitudes de onda de entre 10.000 km y un metro. Muy utilizadas por la civilización moderna en emisiones de radiofonía, televisión, teléfonos y otras comunicaciones inalámbricas, antenas, navegaciones, etc. A continuación una tabla con diversas frecuencias electromagnéticas, algunas de las cuales le sonarán a cualquiera de haberlas visto en artefactos eléctricos. La exposición a estas ondas se asocia con el "mal de radio", el Síndrome de Hipersensibilidad Eléctrica (EHS) y perturbaciones en las interacciones celulares del cuerpo.  

 

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Las frecuencias más empleadas por la tecnología moderna.

LF: Low Frequency. MF: Medium Frequency. HF: High Frequency.

E: extremely. S: super. U: ultra. V: very.

 

MICROONDAS. Entre 300 MHz y 300 GHz. Longitudes de onda de entre un metro y un milímetro. Las microondas están incluidas en las bandas de radiofrecuencia más altas (UHF, SHF, EHF). Se utilizan en televisión (para transmitir señales desde un lugar remoto a una emisora), televisión por cable, aparatos LAN (Bluetooth, WiFi), Internet vía cable coaxial, telefonía móvil, satélites, torres de comunicaciones, radares (incluyendo los de tráfico), hornos, etc. La exposición a las microondas está asociada al cáncer de cerebro, la demencia, el alzheimer y los ataques cardiacos.

 

• RAYOS T. También llamada ondas de teraherzio, radiación submilimétrica o simplemente "microondas de alta frecuencia". Entre 300 y 3000 GHz. Comparte con las microondas la capacidad para penetrar gran variedad de materiales no-conductores, incluyendo papel, ropa, cartón, madera, piedras, plásticos, cerámicas, niebla y nubes. Sin embargo no es capaz de atravesar los metales o el agua. Las únicas fuentes de rayos T suelen ser algunos tipos de láser, el girotrón y otros artefactos artificiales.

 

RAYOS INFRARROJOS. De 1 a 430 THz. La frecuencia de los infrarrojos se encuentra justo por encima de la radio y, como su nombre indica, justo por debajo del rojo, que es la frecuencia electromagnética más baja del espectro visible. Los infrarrojos son los que transmiten el calor de fuentes como el Sol, el fuego, los radiadores, etc. Sin infrarrojos, la vida no sería posible. Se utiliza en mandos a distancia, así como en material fotográfico y de vídeo para detectar calor. Hay algunos animales que tienen sistemas biológicos receptivos de las radiaciones infrarrojas, como ciertas vívoras, pitones, boas, mariposas de pigmentación oscura, una variedad de escarabajos, el murciélago-vampiro y otros. Los infrarrojos tienen extensas aplicaciones militares como la adquisición de objetivos, la visión nocturna o el rastreo. Pueden dañar la vista si la exposición es fuerte y concentrada.

 

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Imágenes de espectro infrarrojo. Arriba, un perro. Abajo, la estrella Beta Pictoris.

 

LUZ VISIBLE. De 400 a 790 THz. El único campo electromagnético visible a simple vista. La estrecha gama electromagnética que se encuentra entre lo infrarrojo y lo ultravioleta, que somos capaces de percibir con los ojos y que no constituye más que una pequeña fracción del espectro electromagnético total. Un ojo humano sano tiene su máxima sensibilidad a unos 540 THz, en la zona verde de la escala de colores, justo en la mitad de todo el espectro electromagnético. Los siete colores del arco-iris no contienen todos los colores visibles para el ojo humano. Por ejemplo, el rosa o el magenta son visibles al ojo humano pero no se encuentran representados en el arco iris, ya que son colores insaturados que se obtienen mezclando distintas longitudes de onda. Lo mismo reza para los colores neutros como el blanco, el negro y los grises. Del mismo modo que las distintas frecuencias electromagnéticas tienen efectos en el cuerpo humano, también los distintos colores tienen sus efectos, ya que cada cual estimula la retina de una manera, y ésta a su vez envía una señal diferente a las glándulas cerebrales. Todos sabemos que el rojo es un color estimulante, que el verde o el azul claro son colores relajantes, o que el violeta, el color de mayor frecuencia, era asociado en otros tiempos al poder imperial. Se le llama cromoterapia a la utilización de los colores para influir en los estados de ánimo.

 

RAYOS ULTRAVIOLETA.  Se encuentran justo por encima del espectro visible, más allá del violeta. De menor a mayor frecuencia, se dividen en A, B y C. El 98,7% de los ultravioleta que llegan a la superficie de la Tierra son A (rayos UVA), muy necesarios para la vida y para el equilibrio endocrino humano, como hemos visto en la primera parte de este artículo. La pequeña porción restante son rayos UVB, que son dañinos, producen quemaduras y son filtrados en su mayor parte por la capa de ozono. Los UVC directamente son perniciosos para la vida y son filtrados por la magnetosfera y la atmósfera de nuestro planeta. Debido a la creciente suciedad de la atmósfera y la degradación de la capa de ozono, la proporción de rayos UVA está disminuyendo y la de rayos UVB aumentando. Existen mayores frecuencias de ultravioleta, denominadas en siglas inglesas FUV, VUV, LUV, SUV, EUV. Los rayos ultravioleta en general son considerados mutagénicos, es decir, que pueden producir mutaciones genéticas, tanto ventajosas como desventajosas o neutras. Agunos científicos relacionan las condiciones de excentricidad de la órbita terrestre, cambios del campo geomagnético y en la disposición del eje de rotación, con variaciones en la cantidad y de rayos UV que alcanzan la superficie, influyendo en la evolución de las especies.

 

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RAYOS X. De 3 × 1016 (un 1 seguido de 16 ceros) a 3 × 1019 Hz. Se producen cuando algunos gases se calientan a millones de grados, por reacciones nucleares (como en el caso de las estrellas) o por un voltaje eléctrico (como en el caso de las placas de radiografía médica). Son emitidos por electrones y son capaces de penetrar la mayor parte de materiales sólidos, salvo los más densos (como el plomo). Los rayos X son considerados carcinógenos (producen cáncer) y dañan los tejidos celulares rompiendo los enlaces. Los padres expuestos a rayos X tienen más posibilidades de tener hijos con leucemia, especialmente si la zona expuesta ha sido el bajo abdomen.

 

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Doble riesgo: rayos X y radiaciones de teléfono inalámbrico.

 

RAYOS GAMMA. Por encima de 1019 Hz. Proceden de eventos cósmicos violentos y destructivos (como las supernovas o las tormentas solares) o reacciones atómicas artificiales (plantas y bombas nucleares, residuos radiactivos). A diferencia de los rayos X ―que proceden de electrones lejos del núcleo atómico―, los rayos gamma son emitidos por el núcleo en sí. Dependiendo del tiempo de exposición y la potencia de la fuente, los síntomas pueden variar desde cambios de composición sanguínea, náuseas, caída de pelo, hemorragia, cáncer, mutaciones genéticas y la muerte. Los efectos a largo plazo de las detonaciones nucleares de Hiroshima y Nagasaki dan una idea de las consecuencias. A unos niveles muy altos, los rayos gamma dan lugar a la creación de parejas de partículas y antipartículas. A pesar de que son cancerígenos, los rayos gamma se usan para tratar tumores, así como para esterilizar material médico y hasta comida. El científico ruso Krill Zybin, del Instituto Lebedev (Moscú) asocia las intensidades de radiación gamma cósmica con el desarrollo de la vida en la Tierra y la aceleración de las mutaciones, por ende, de la evolución.

 

 

Proyectos militares involucrando manipulación electromagnética

 

En tiempos de tremendo avance tecnológico como los que vivimos, una fuerza que domina el núcleo terrestre, los desplazamientos de corteza, el clima, el cerebro humano, etc., no podía pasar desapercibida para los complejos militares-industriales de los Estados más poderosos. Tanto Estados Unidos (con el HAARP) como Rusia (SURA, Scalar) tienen emisores de ondas electromagnéticas que utilizan la ionosfera para cambiar el clima de una zona o para rebotar las ondas hacia el suelo y producir una serie de efectos, como la desestabilización de la corteza (tanto el magma como el hierro del núcleo terrestre son materiales conductores) o hasta de la mente de los habitantes de una región. Las posibilidades de este tipo de guerra son muy amplias: terremotos, maremotos, sequías, inundaciones, huracanes, incendios, maremotos, actividad volcánica, manipulación psicológica, etc.

 

No se trata ciencia-ficción ni de conspiranoia. En una resolución del 28 de Enero de 1999 (A4-0005/1999), el Parlamento europeo señaló que HAARP manipulaba el medio ambiente con fines militares, y solicitaba que fuese evaluado por parte del STOA (organismo encargado de mensurar opciones científicas y tecnológicas) en cuanto a sus repercusiones ambientales y sanitarias. En la misma resolución, se pedía prohibir el desarrollo de armas que conllevasen la manipulación de seres humanos, guiño al desarrollo de proyectos de ELF, que operan a la misma frecuencia que el cerebro y que pueden afectar claramente la conducta humana. En Agosto de 2002, la Duma (Parlamento ruso) sacó un comunidado de prensa sobre el HAARP, elaborado por comités de defensa y asuntos internacionales, y presentado por 90 representantes al entonces Presidente Vladimir Putin. El informe establecía que las instalaciones de HAARP podían ser utilizadas como armamento, y especificaba que:

 

Los Estados Unidos están creando nuevas armas integrales de carácter geofísico que puede influir en la troposfera con ondas de radio de baja frecuencia... La importancia de este salto cualitativo es comparable a la transición de las armas blancas a las armas de fuego, o de las armas convencionales a las armas nucleares. Este nuevo tipo de armas difiere de las de cualquier otro tipo conocido en que la troposfera y sus componentes se convierten en objetos sobre los cuales se puede influir.

 

Tanto EEUU como Rusia han cruzado mutuamente acusaciones de guerra climática. Hubo sospechas de intervención rusa en la inaudita sequía de California de 1988-1992. En Enero de 2010, un informe de la Flota Rusa del Norte señalaba al programa de guerra sísmica del Pentágono como causante intencionado del terremoto de Haití, isla que Washington quería ocupar militarmente por motivos geoestratégicos. El Presidente de Venezuela Hugo Chávez acusó claramente al Gobierno de Estados Unidos de emplear armas sísmicas para causar el terremoto. Siete meses después, algunos científicos rusos hicieron acusaciones similares durante los incendios en Rusia y las inundaciones en China y Pakistán. En Noviembre de 2011, el teniente general ruso Nikolai Rodionov acusó al HAARP de provocar el fracaso de la misión sino-rusa "Phobos-Grunt", que proyectaba mandar una nave a Fobos, una de las lunas de Marte. Los medios de comunicación rusos denuncian esporádicamente los programas de guerra climatológica y sísmica del Pentágono.

 

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Instalaciones del proyecto HAARP en Gakona (Alaska).

 

Existen otros sistemas ofensivos basados en el electromagnetismo, como el EMP (Electromagnetic Pulse), capaz de destruir todos los sistemas eléctricos y electrónicos de un territorio determinando, mandándolo prácticamente a la Edad Media. La Fuerza Aérea de los Estados Unidos ha desarrollado por su parte un arma de control de masas llamada ADS, basada en la irradiación de microondas del espectro EHF (Extremely High Frequency) para excitar las moléculas de agua y grasa subcutáneas del cuerpo, que se calientan hasta producir un intenso dolor.

 

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El Active Denial System o "Pain Ray" (rayo del dolor) fue desplegado por primera vez en Afganistán, en verano de 2010.

 

 

Sobre las transientes, o electricidad sucia

 

Las transientes son un tipo poco conocido de campos electromagnéticos que juegan un papel increíblemente perjudicial en la salud humana y que merecen ser tomadas muy en serio. Se crean cuando la corriente eléctrica es interrumpida continuamente como en un rápido parpadeo, a fin de ahorrar energía. Las transientes se encuentran en ordenadores, neveras, televisores de plasma, bombillas CFL, sistemas de aire acondicionado, tubos fluorescentes, motores (por ejemplo de ascensores) y en aparatos reguladores del "volumen de luz" (rheostats). Una bombilla CFL, por ejemplo, se enciente y se apaga unas cien mil veces por segundo (!). Las transientes suelen encuadrarse en la banda ELF (frecuencia extremadamente baja) del espectro electromagnético, pero como sus señales se acumulan y fortalecen, pueden pasar fácilmente a bandas de radiofrecuencia más elevadas.

 

Los efectos biológicos de esta diabólica invención son devastadores. Pensemos en un imán: las cargas semejantes se repelen y las cargas opuestas se atraen. Por tanto, cuando una transiente está en estado "positivo", los electrones de nuestro cuerpo (de carga negativa) se mueven hacia esa carga positiva. Cuando la transiente pasa a "negativo", todos los electrones del cuerpo se repelen hacia el sentido opuesto. Esta fluctuante manipulación electromagnética (miles de veces por segundo) implica que todos los electrones de nuestro organismo están bailando al son de la transiente y que todo nuestro cuerpo se carga y se vuelve inestable porque está totalmente "acoplado" al ritmo de la máquina.  

 

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Algunos países quieren hacer obligatorio el uso de bombillas CFL.

 

Hablando en plata, las transientes están suplantando, en nuestro sistema nervioso, el pulso suave y constante de la Tierra, manipulando salvajemente nuestras células y ondas cerebrales con frecuencias para las cuales no están evolutivamente diseñadas, destruyendo el funcionamiento de nuestro importantísimo sistema endocrino, saboteando nuestra inmunología y contaminando todo nuestro sistema bioeléctrico con pavorosos efectos para nuestra salud. La Dra. Magda Havas, de la Trent University (Canadá) ha publicado numerosos estudios en los que se demuestra cómo la exposición a las transientes aumenta los niveles de azúcar en sangre en diabéticos y pre-diabéticos, y que las personas con esclerosis múltiple mejoran su equilibrio y tienen menos temblores simplemente con pasar unos días en un entorno libre de electricidad sucia. También demostró que en todas las escuelas donde se instalaron filtros para limpiar los efectos de las transientes, los profesores inmediatamente experimentaron un descenso de síntomas desagradables como dolores de cabeza, irritaciones cutáneas, ojos secos, asma y depresión. 

 

 


¿AFECTAN A LA SALUD LOS CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS ARTIFICIALES?

 

Lo primero que todos tenemos que tener siempre presente es que el cuerpo humano, al estar hecho de materia y por tanto átomos, tiene electrones y partículas subatómicas susceptibles de ser perturbadas por una influencia electromagnética externa. Todas las células del cuerpo, ya sean células pancreáticas esperando una señal para fabricar insulina, o leucocitos desplazándose a la zona de una herida, usan electricidad (o una "carga de electrón") para comunicarse entre ellas. Si los transientes y otras fuentes de campos electromagnéticos artificiales suplantan los mecanismos de señales nerviosas del organismo, ¿no podrían interferir con la secreción de hormonas, ahogar el sistema de llamada y respuesta del sistema inmunológico y causar muchísimos otros trastornos físicos?

 

Segundo, si el ser humano tiene probadamente un campo magnético sensible a los campos naturales, ¿no sería lógico pensar que los campos artificiales producidos por cables eléctricos, radios, microondas, antenas, satélites, etc., también pueden influir sobre él? ¿Es posible que la civilización tecnológica haya anulado nuestra capacidad magnética, y que seamos, tal y como hemos visto en la primera parte de este artículo, como desorientadas palomas mensajeras que se pasan la vida entera con imanes artificiales atados a la cabeza, sin encontrar nunca el camino a casa?

 

En este apartado brindaré una pormenorizada cronología de investigaciones sobre campos electromagnéticos y salud, investigaciones que son sólo la punta del iceberg, ya que se trata de un tema relativamente reciente y en el que no se ha profundizado lo bastante por culpa de los enormes intereses económicos que hay en juego.

 

• Los soviéticos se dieron cuenta durante la II Guerra Mundial de que los operadores de radares a menudo sufrían de síntomas (fatiga, irritación facial, tinitus o pitidos en los oídos, mareos, trastornos digestivos y del sueño, etc.) ahora atribuidos al síndrome de hipersensibilidad eléctrica (EHS por sus siglas inglesas). Los expertos dicen ahora que un 3% de la población puede ser clínicamente hipersensible, y alrededor de un 30% puede tener sensibilidad alta.

 

• Desde los años 50, el Dr. Kyoshi Nakagawa estuvo investigando en el Hospital Isuzu de Tokio sobre los efectos del magnetismo en el cuerpo. En 1976 publicaría en el Jornal Médico Japonés un extenso estudio en el que muestra los beneficiosos efectos de la magnetoterapia sobre el organismo humano. Los campos magnéticos de frecuencia y potencia adecuadas ejercen un beneficioso efecto sobre las glándulas centrales del cerebro, estimulando la secreción de beneficiosas neurohormonas. El Dr. Robert Becker confirmaría esto cuando descubrió que ciertas estimulaciones magnéticas pueden curar totalmente fracturas óseas consideradas definitivas e incluso regenerar miembros amputados en animales que no tienen esa facultad, como las ranas.

 

• Cuando se introdujo la televisión en Australia en 1956, los investigadores enseguida documentaron un rápido aumento de casos de cáncer entre personas que vivían cerca de torres de transmisiones.

 

• En los años 60, en plena Guerra Fría, los soviéticos bombardearon clandestinamente la embajada de EEUU en Moscú con radiación de microondas (una RF de más alta frecuencia, utilizada para transmitir señales inalámbricas), enfermando al personal del edificio. El personal de la embajada comenzó a quejarse de problemas cognitivos, mareos, dolores de cabeza, etc., a lo largo del resto de la Guerra Fría. Aunque los soviéticos nunca dieron una explicación, se conjetura que buscaban confundir y manipular las mentes de los espías y diplomáticos americanos. El mal de ondas de radio (también llamado mal de microondas) es ahora un diagnóstico comúnmente aceptado.

 

• En los años 70, la doctora Nancy Wertheimer, una epidemióloga de Denver, dedectó un aumento en leucemia infantil (una enfermedad muy poco común) entre niños que vivían cerca de líneas eléctricas de alta tensión, iniciando todo un rosario de estudios que llegaron a conclusiones similares.

 

• En Suecia y Reino Unido se realizaron estudios que notaban un importante aumento de suicidios en jóvenes que viven y estudian cerca de cables de alta tensión y estaciones de radar. Entre 1950 y 1977, los casos de suicidios entre jóvenes de entre 15 y 19 años se multiplicaron por 4 en el caso de chicos y por 2 en el caso de chicas. La depresión maniaca y las tendencias suicidas suelen estar relacionadas con bajos niveles de serotonina, una sustancia neuroquímica fabricada por la glándula pituitaria.

 

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Complejidad tecnológica: el orgullo de la civilización moderna y la perdición de la biología humana.

 

• En 1980, los investigadores concluyeron que los trabajadores oficinistas con alta exposición a campos electromagnéticos tenían mayor índice de melanoma (cáncer de piel, una enfermedad generalmente asociada a la exposición solar) que los obreros que trabajaban al aire libre. Entre 1973 y 1980, los casos de melanoma en EEUU aumentaron un espectacular 80%. En el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (California), la incidencia de melanoma es cuatro veces superior a la media nacional americana. Dicho laboratorio está involucrado en asuntos de seguridad nacional de EEUU y la producción de armas ultramodernas que involucran campos electromagnéticos y microondas de alta intensidad.

 

• En 1980, la Comisión de Servicio Público del Estado de Nueva York encargó al Dr. David Savitz que estudiase los efectos producidos por los campos electromagnéticos de los cables normales. Cinco años y medio millón de dólares más tarde, el Dr. Savitz concluyó que "al menos" un 20% de cánceres en niños de las zonas estudiadas, se debían a la exposición a los campos (¡de "sólo" 3 miligauss!) de los cables eléctricos. Su estudio demostró además que dichos campos no sólo favorecen el cáncer, sino que también inhiben la producción de importantes neurohormonas en el cerebro, transtornando el comportamiento y minando la capacidad de aprendizaje. En un radio de 15 metros alrededor de los cables eléctricos estándar en EEUU, el campo magnético es de una potencia de 100 miligauss ―más de 30 veces la magnitud de los cables que el Dr. Savitz asoció con el cáncer infantil. A la Comisión de Servicio Público no le gustaron los resultados del estudio; declararon "seguro" un campo magnético de hasta 100 miligauss y alegaron que el público ya había "aceptado" el riesgo para la salud. Obviamente, el público nunca ha sido informado de esto, así que difícilmente ha podido "aceptarlo".

 

• Vernon, una población de 25.000 habitantes de Nueva Jersey, ocupa el quinto lugar de EEUU en el número de transmisores de microondas. La cifra de casos de síndrome de Down es diez veces superior al promedio nacional de EEUU. El síndrome de Down es un defecto de nacimiento, causado por un daño genético en el feto y/o en los padres. Otros estudios han encontrado altas incidencias de este mal en niños cuyos padres son operadores de radar o trabajan en importantes bases aéreas.

 

• En 1988, la doctora Marjorie Speers informó de los resultados de un estudio de tumores en personas que, por motivos de trabajo, se hallaban habitualmente expuestas a un campo electromagnético de 50 Hz de frecuencia. La conclusión resultó rotunda: estos desafortunados trabajadores tenían 13 veces más casos de tumores cerebrales que los individuos del grupo de control, formado por personas no expuestas a campos de semejante frecuencia. Según el Dr. Becker, en "Cross Currents":

 

En estos momentos las pruebas científicas son absolutamente concluyentes: los campos magnéticos de 60 Hz inducen a las células cancerosas humanas a aumentar permanentemente su velocidad de crecimiento en un 1600% y a desarrollar características aun más malignas.

 

En suma, este tipo de campos electromagnéticos afecta particularmente a dos tipos de tejidos: los del cerebro y los de crecimiento rápido (fetos, niños pequeños, tumores).

 

• También en 1988, el Dr. Daniel B. Lyle, bajo la dirección de Ross Adey, realizó un cultivo de células T (un tipo de linfocitos o glóbulos blancos con un importante papel inmunológico) y durante 48 horas las expuso a un campo electromagnético de 60 Hz, similar al que desprenden en EEUU los cables eléctricos públicos. Constató un importante debilitamiento de la capacidad de las células para reproducirse y defenderse de agentes extraños (microbios, virus, mitógenos, etc.), hasta el punto de que la citotoxicidad de las células se inhibió en un 40%. La conclusión final del estudio fue que los campos electromagnéticos artificiales son peligrosamente inmunosupresores y debilitan la capacidad de las células T para diferenciar entre agentes invasores y tejido "amigo".

 

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Alguna ciudad china en pleno boom económico. Actualmente, este conjunto de contaminación, masificación, deshumanización e interferencias electromagnéticas, recibe el nombre de "civilización".

 

• En Junio de 1989, la revista "New Yorker" publicó un artículo de Paul Brodeur, basado en varios estudios científicos, sobre los riesgos para la salud que suponía exponerse a cables eléctricos y terminales de ordenador. Aquí se reveló que la leucemia infantil y otros tipos de cáncer en niños, estaba directamente relacionada con la exposición a campos eléctricos. También se informó de que las mujeres embarazadas que trabajaban con ordenadores tenían un índice de abortos espontáneos más elevado. Este artículo desencadenó una oleada de preocupación e investigaciones por parte de otros especialistas. Paul Brodeur publica "Currents of death, the attempt to cover up the threat to your health", y Cyril W. Smith y Simon Best escriben "Electromagnetic man health & hazard in the electrical environment".

 

• De nuevo en 1989, la Dra. Cornelia O’Leary, del Real Instituto de Cirujanos de Londres, informó de ocho casos de muerte súbita de bebés durante un fin de semana. "Casualmente", todos estos casos se encontraban en un radio de 11 km de una base militar de alta seguridad donde, justo ese fin de semana, se estaba probando un nuevo sistema de radar. La muerte súbita en bebes se ha relacionado con niveles bajos de melatonina y otras sustancias neuroquímicas fabricadas por la glándula pineal. Ésta es extremadamente sensible a las oscilaciones electromagnéticas, y en el caso de los bebés, la sensibilidad se dispara. Este mismo año, el Departamento de Energía reconocerá que "ahora se acepta generalmente que existen, ciertamente, efectos biológicos debido a la exposición a campos electromagnéticos".

 

• Para 1990, se habían llevado al cabo más de cien estudios en todo el mundo. Gracias a periodistas como Ted Koppel y Dan Rather, parecieron informes alarmantes en "Time", "The Wall Street Journal", "Business Week" y otras publicaciones. En respuesta a las presiones públicas, la EPA (Agencia de Protección Ambiental) elaboró un informe en Marzo de ese año, recomendando que los campos electromagnéticos se clasificasen como carcinógenos (provocadores de cáncer) de clase B (como el DDT, las dioxinas y los PCBs). Sin embargo, cuando se publicó el informe, la EPA fue duramente presionada por grupos de las industrias eléctrica, informática y militar. Tras ser doblegada por intereses políticos y económicos, la EPA dio marcha atrás en su declaración. Robert O. Becker y Jeremy P. Tarcher publican "Cross currents, the perils of electropollution".

 

• En Silicon Valley (California), la Meca de la investigación informática, se observó que los trabajadores tienen altísimos índices de cansancio crónico, depresión crónica, hipersensibilidad, alergias variadas, dolores de cabeza y "síntomas de gripe".

 

• En 1998, los investigadores, trabajando con el National Cancer Institute de EEUU, informaron que los riesgos de leucemia infantil eran "significativamente elevados" en niños cuyas madres habían usado mantas eléctricas durante el embarazo, y en niños que usaban secadores eléctricos y videojuegos conectados al televisor.

 

• En los años 90, se han investigado a fondo los casos de cáncer en Cape Cod, que tiene una inmensa base de radar de la Fuerza Aérea llamada PAVE PAWS, y en Nantucket, que alberga un poderoso transmisor LORAN-C (un sistema de navegación que está empezando a caer en desuso debido al auge del GPS). Los condados de ambas zonas tienen las mayores incidencias de todos los cánceres en el Estado de Massachusetts.

 

• En Julio de 2001 hubo violentas protestas en Chipre, cuando los ingleses decidieron construir nuevas antenas en sus importantes enclaves estratégicos de Akrotiri y Dhekelia. La población local dijo, correctamente, que estas instalaciones pondrían en peligro la vida de los habitantes de la zona, y que perjudicaría los ecosistemas.

 

• En 2007, el Bioinitiative Working Group (un conglomerado de científicos y expertos en política de salud pública de EEUU, Suecia, Dinamarca, Austria y China), publicó un informe de 650 páginas en el que se citaban minuciosamente más de 2000 estudios (muchos muy recientes) que detallaban el efecto tóxico de los campos electromagnéticos. Según las conclusiones derivadas de la comisión, exponerse incluso a radiaciones de bajo nivel (como las de los teléfonos móviles), podía causar una gran variedad de cánceres, sabotear el sistema inmunológico y contribuir a la demencia, la enfermedad cardiaca, el alzheimer y muchos otros males.

 

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No todo en los campos electromagnéticos artificiales es negativo. Los efectos beneficiosos sobre la salud de los campos artificiales de frecuencias determinadas se utilizan a menudo para promover la curación de heridas y fracturas óseas. Los estudios experimentales con campos bien controlados y de ciertas frecuencias incluso muestran buenos resultados en tratamientos contra el dolor y la depresión. Recientemente, el Dr. Michael Persinger, un neurocientífico de la Laurentian University (Canadá) ha encontrado que ciertos campos magnéticos pulsados detenían el crecimiento de células de melanoma en ratones. Esto viene a continuar la obra de eminencias que hemos visto más arriba, como los doctores Kyoshi Nakagawa y Robert Becker, y confirma que los campos electromagnéticos artificiales son un arma de doble filo, que puede usarse tanto para enfermar profundamente como para curar.

 

 

El efecto Jaula de Faraday

 

Si bien estar sometidos a campos electromagnéticos artificiales ya es lo bastante perjudicial, hay otro factor igualmente pernicioso, e incluso peor: no estar sometido a campo alguno. Todo el mundo habrá observado que en ascensores, coches, submarinos, tanques, aviones, trenes y en general recintos cerrados y/o con muebles de plástico, la gente se queda "frita" con suma rapidez, recobrando la energía sólo cuando les da el aire y al ser posible el Sol y algo de agua. Esto sucede porque las estructuras hechas con material conductor (como metal) se polarizan en presencia de un campo externo y quedan cargados negativamente en el sentido opuesto, repeliendo todos sus electrones e iones negativos al exterior, y dejando el interior "vacío" energéticamente. Dentro de una jaula de Faraday no hay electrosmog, no hay cobertura de móvil, el GPS no da señal y no se puede escuchar la radio. Pero tampoco entran las fuerzas de la Tierra y del cielo, y por tanto no se da ese "gradiente de potencial", polaridad o tensión vital absolutamente necesarias para la vida y el flujo de bioelectricidad.

 

El efecto Faraday se comenzó a tomar con seriedad durante la carrera espacial. Tanto la NASA americana como el diversificado programa espacial ruso, se dieron cuenta enseguida de que ni siquiera un ratón podía permanecer en el espacio más de 24 horas sin perder el juicio, y que sus astronautas comenzaban a manifestar cansancio, apatía y falta de energía cuando llevaban tiempo en las cápsulas. Glenn y Carpenter mostraron una pronunciada y prematura fatiga, y en el caso del cosmonauta ruso Titov, los trastornos psicofísicos fueron tan pronunciados que quedó totalmente agotado y mareado después de seis órbitas en torno a la Tierra. Téngase en cuenta que estamos hablando de hombres con una preparación mental y física extraordinaria, y que estos efectos se daban dentro de la cápsula, tanto en órbita como durante los entrenamientos en tierra. La situación desconcertó a los científicos durante años, aunque la solución estaba delante de sus narices y hubieran dado con ella si hubiesen tenido la modestia de consultar con un adepto taoísta, un yogui hindú o un lama budista.

 

Un informe de una empresa que fabricaba generadores de iones negativos para el programa espacial americano ―citado por André van Lysebeth en su "Pranayama" (obra altamente recomendable), citado a su vez por Daniel Reid en "El tao de la salud, el sexo y la larga vida" (ídem)―, acabó explicando la causa: "Al ser completamente metálica, la cápsula espacial se comporta como una perfecta jaula de Faraday en la que hasta el piloto mejor entrenado no tarda en mostrar signos de perturbaciones fisiológicas, especialmente cansancio y agotamiento prematuro". El informe concluye impecablemente:

 

La corriente eléctrica causada por la presencia de un campo eléctrico recorre todas las células y órganos y todo el sistema nervioso, estimulando asimismo el metabolismo y todas las funciones fisiológicas de los organismos vivos… Si el campo es demasiado débil, se manifiestan cansancio, indolencia y falta de vitalidad. Ésta es la causa principal de la fatiga y el entumecimiento que se sienten en automóviles, aviones, tanques, submarinos y trenes, y ahora en las cápsulas espaciales.

 

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El mejor aire del mundo se encuentra en zonas de alta montaña del planeta, donde la incidencia de los rayos cósmicos y fuerzas magnéticas telúricas es mayor, donde el frío hace que la suciedad se pegue al suelo y donde la atmósfera está fuertemente ionizada. Pero según los materiales con los que nos vistamos y calcemos, podemos estar aislándonos de este fabuloso campo eléctrico natural.

 

Finalmente los científicos se dieron cuenta de que, por mucho que el aire de las cápsulas tuviese la composición ideal (nitrógeno, oxígeno, etc.), necesitaba ser ionizado: no era una cuestión química, sino física. En cuanto se instalaron generadores y el aire de las cápsulas se ionizó fuertemente, todos los síntomas de agotamiento y lentitud desaparecieron de golpe, y desde entonces los astronautas pueden permanecer en el espacio días, semanas, meses y años. Si se hiciera lo propio en los aviones, el "jet-lag" y el cansancio de vuelo se reducirían enormemente.

 

El efecto Faraday no se limita a cápsulas, vehículos y espacios cerrados. La ropa puede ejercer una función exactamente igual, hecho que científicamente se ha sabido desde, como poco, 1964 ―aunque los sufíes persas y los brahmanes hindúes entre otros, lo conocían empíricamente desde siempre. La revista "Aerospace Medicine" explica, en un artículo de Enero de ese año, que "ciertas telas sintéticas producen las suficientes cargas electrostáticas negativas como para repeler los iones negativos de la persona que vista esas prendas". No importa que nos encontremos en la cumbre de una enorme montaña, rodeados de una atmósfera privilegiada, un poderoso campo eléctrico natural y respirando los mejores aires del planeta: si estamos vestidos con prendas de orlón, nailon, poliéster y similares, y utilizando calzado con suela de goma, estamos aislándonos del fabuloso campo eléctrico natural que nos rodea, del mismo modo que los recubrimientos de goma aíslan el cobre conductor de los cables eléctricos. Lo mismo pasa en estancias con las ventanas cerradas y lugares con demasiados objetos de plástico. La revista americana "Product Engineering", habla sobre esto en su número del 13 de Febrero de 1967, cuando el tema era novedad:

 

Determinados espacios formados de plástico, como las carrocerías de los automóviles, pueden incluso producir campos eléctricos negativos (campos que repelen los iones negativos y atraen los positivos). Los muebles de plástico, al igual que las tapicerías y los revestimientos murales de plástico, aceleran la fatiga mental en los ocupantes de la habitación o del vehículo. Los objetos y revestimientos de polietileno, por ejemplo, producen campos eléctricos negativos de entre 5.000 y 10.000 voltios/metro. En un recinto completamente rodeado de polietileno, el campo negativo puede alcanzar los 100.000 voltios/metro.

 

El mencionado informe no habla de otro problema de las tapicerías y muebles de plástico, y es que despiden vapores y olores tóxicos. Queda claro, en todo caso, que el mundo moderno no sólo está lleno de campos electromagnéticos "farsantes" que suplantan la interacción tierra-cielo que se da a través de nuestros cuerpos, sino de elementos que directamente nos arrancan y marginan del concierto universal, aislándonos de todo campo, robándonos la bioelectricidad y dejándonos, literalmente, con las pilas agotadas y sin sustancia vital para acometer ninguna empresa. Difícilmente puede negarse que en muchos sentidos, la civilización tecnológica ―un ente abstracto y sin vida― se alimenta vampíricamente de las sustancias vitales ―muy reales y muy vivas― del hombre y del planeta.

 

 

 


 

 

fuente: http://europa-soberana.blogia.com/2011/071608-el-rayo-de-dios-y-el-rayo-del-diablo-ii-8213-electrosmog-o-el-nacimiento-de-la-c.php

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Chakor García 05/01/2012 20:14


He leído con detenimiento tus posts sobre electricidad y magnetismo. Pranayama de van Lysebeth ha sido un referente para muchos, también para mi, para comprender la importancia del campo
eléctrico y magnético terrestre sobre los organismos vivos, así como la correspondencia entre la descripción de la Realidad a la que se llega desde la Física con la que se puede
llegar a través de la práctica de Yoga, a pesar de que "los científicos famosos" de esta sociedad tecnocrática sigan mirando para otro lado.

blackrainbow 05/03/2012 16:43



La "ciencia famosa" siempre mira hacia otro lado, parece huir de la verdad, si lo hace premeditadamente tenemos un problema serio, si lo hace por desconocimiento o miedo a la realidad tenemos un
leve problema.