Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
Pasajeros en Tránsito

El fin de la infancia

7 Julio 2010 , Escrito por blacrainbow Etiquetado en #Frutos

 

 

"El señor dispuso las ventidós letras hebreas en forma de muralla" El craneo se compone de 22 huesos.

Arthur C.Clarke es un conocido autor de ciencia ficcion, entre otros libros la conocida novela 2001: Una odisea espacial, llevada al cine por Stanley Kubrick. Estos fragmentos están extraidos de "El fin de la infancia" un libro que me llamó la atención hace unos años, y más observando ahora su portada aqui entre mis manos.
Es una obra de ciencia ficción dónde la raza humana se enfrenta a su extinción cuando una raza de superseñores llegan al planeta, trayendo la tecnologia suficiente para que todos loss eres humanso puedan vivir en paz. Sin guerras, si armas, sin necesidad de trabajar. Al margen de este avance para la socedad en general están naciendo en el planeta tierra una nueva especie de niños, una evolución del hombre, un enorme salto evolutivo con una nueva especie que actua a modo de un ser transpersonal colectivo. Estos son los verdaderos objetivos de estos superseñores, los cuales al final son "secuestrados" del planeta, para continuar su evolución en otro punto del universo. También aparecen en el libro un pequeño grupo de rebeldes que tratan de fundar un nuevo sistema de sociedad en una isla, ajeno al mundo de paz y prosperidad que aportan los superseñores.
Cuanto menos me parece interesante el argumento.



"Tuvimos que ocultaros muchas cosas, como nosotros mismos nos ocultamos durante
la mitad de nuestra estancia en la Tierra. Algunos de vosotros, lo sé, pensasteis que ese ocultamiento era inútil. Estáis acostumbrados a nuestra presencia; ya no podéis imaginar cómo hubiesen reaccionado vuestros antecesores. Pero al menos podéis entender por qué nos ocultamos.
"Pero nuestro mayor secreto fue el propósito que nos trajo a la Tierra... ese propósito sobre el que habéis especulado interminablemente. Tuvimos que callar hasta ahora, pues no nos concernía a nosotros deciros la verdad.
"Hace un siglo vinimos a vuestro mundo y os salvamos de la autodestrucción. No creo
que nadie pueda negarlo. Pero nunca sospechasteis en qué consistía esa autodestrucción.
"Cuando prohibimos las armas nucleares y todos los peligrosos juguetes que
amontonabais en vuestros armarios, desapareció el peligro de la destrucción física.
Creíais que ése era el único peligro. Hicimos todo lo posible para que lo creyeseis así, pero no era cierto. El mayor peligro con que os habéis enfrentado es de un carácter muy diferente. Y no concierne sólo a vuestra raza.
"Muchos mundos llegaron a la encrucijada de la fuerza nuclear, evitaron el desastre,
lograron levantar una civilización pacifica y feliz... y fueron luego destruidos por fuerzas de las que no tenían noticia.
En el siglo veinte comenzasteis a investigar seriamente esas fuerzas. Fue necesario
entonces tomar una determinación.
"A lo largo de ese siglo la raza humana estuvo acercándose lentamente al abismo... sin sospechar siquiera su existencia. Sobre ese abismo sólo hay un puente. Pocas razas lo han encontrado sin ayuda. Algunas se echaron atrás, evitando así a la vez el desastre y el triunfo. Sus mundos se convirtieron en islas elíseas, cómodamente satisfechas, que ya no desempeñaban ningún papel en la historia del universo. Ese nunca hubiera sido vuestro destino, o vuestra suerte. Vuestra raza tenía demasiada vitalidad. Se hubiese precipitado en la ruina, arrastrando a otros, pues nunca hubieseis encontrado ese puente.
"Lamento tener que hablaros por medio de analogías. No tenéis palabras, ni conceptos,
para lo que deseo deciros, y nosotros mismos no sabemos mucho.
"Para entenderme tendríais que retroceder y resucitar muchas cosas que vuestros
antecesores conocían, pero que vosotros habéis olvidado... que, en realidad, os hemos
ayudado a olvidar. Pues nuestra estancia en la Tierra ha estado basada en una vasta
decepción, un ocultamiento de verdades con las que no podríais enfrentaros.
"En los siglos anteriores a nuestra llegada vuestros hombres de ciencia descubrieron
los secretos del mundo físico y os llevaron rápidamente de la energía del vapor a la
energía del átomo. Dejasteis atrás la superstición. La ciencia fue la única religión de la humanidad, el regalo (de una minoría al resto de los hombres) - que destruyó todas las creencias. Aquellas que aún existían cuando llegamos nosotros, ya estaban agonizando.
La ciencia, se decía, podía explicarlo todo. No había fuerzas que no comprendiese, no
había acontecimientos de los que en última instancia no pudiese dar cuenta. El origen del universo podía seguir siendo un hecho desconocido, pero todo lo que había ocurrido desde entonces obedecía a las leyes de la física.
"Sin embargo, vuestros místicos, aunque extraviados en sus propios errores,
vislumbraron parte de la verdad. Hay poderes mentales (y también otros, más allá de la mente) que la ciencia no hubiese podido encerrar. Esos poderes hubiesen roto los límites de la ciencia. En todas las edades se recogieron innumerables informes sobre fenómenos extraños, - telekinesis, telepatía, precognición - que vosotros bautizasteis, pero que nunca pudisteis explicar. Al principio la ciencia los ignoró, hasta negó su existencia, a pesar del testimonio de quinientos años. Pero existen, y una teoría total del universo tiene que contar con ellos.

Durante la primera mitad del siglo veinte algunos de vuestros hombres de ciencia
comenzaron a estudiar estos fenómenos. No lo sabían, pero estaban jugando con la
cerradura de la caja de Pandora. Las fuerzas que podían haber liberado eran mayores
que todos los peligros atómicos. Pues los físicos sólo hubieran destruido la Tierra; los parafísicos hubiesen extendido el desastre al universo.
"Había que impedirlo. No puedo explicar la verdadera naturaleza de esa amenaza. No
hubiese sido una amenaza para nosotros, y por esa misma razón no alcanzamos a
comprenderla. Digamos que os hubieseis convertido en un cáncer telepático, una
mentalidad - maligna - que en su inevitable disolución hubiese envenenado otras mentes más poderosas.
"Y así vinimos - fuimos enviados - a la Tierra. Interrumpimos vuestro desenvolvimiento en todos los niveles culturales, pero vigilamos muy particularmente la investigación de los fenómenos parafísicos. Estoy convencido de que evitamos también, al ponernos en contacto, todo trabajo creador. Pero ése fue un efecto secundario, y no tiene ninguna importancia.
"Ahora tengo que deciros algo que os parecerá muy sorprendente, quizá casi increíble.
Todas esas Potencialidades, todos esos poderes latentes... nosotros no los poseemos, no los entendemos. Nuestras inteligencias son mucho más poderosas que las vuestras - pero hay en vuestras mentes algo que siempre se nos ha escapado. Os hemos estudiado
desde que llegamos a la Tierra; hemos aprendido mucho, y aprenderemos más aún. Dudo
sin embargo que podamos conocer toda la verdad..
"Nuestras razas tienen mucho en común; por eso nos eligieron para esta tarea. Pero,
en otro sentido, somos los extremos de dos evoluciones distintas. Nuestras mentes han
cumplido su desarrollo. Lo mismo que las vuestras, en su forma actual. Sin embargo,
vosotros podéis dar otro paso, y esto es lo que nos distingue. Nuestras potencialidades están exhaustas; en cambio las vuestras no se han revelado todavía. Están unidas, de un modo que no podemos entender, a los poderes que he mencionado, los poderes que ahora están despertando en el mundo.
"Detuvimos vuestros relojes, interrumpimos el curso del tiempo mientras esos poderes
se desenvolvían y comenzaban a fluir por sus verdaderos canales. Mejoramos vuestros
planetas, elevamos vuestros niveles de vida, os trajimos paz y justicia, hicimos lo que nos pareció necesario, cuando nos vimos obligados a intervenir. Pero toda esta vasta transformación os apartó de la verdad, y sirvió así para que pudiésemos cumplir nuestros propósitos.
"Somos vuestros guardianes, nada más. Muy a menudo os habéis preguntado qué
lugar ocuparía vuestra raza en la jerarquía del universo. Hay algo que está por encima de nosotros, y que nos utiliza para sus propios fines. Nunca hemos descubierto su naturaleza, aunque hemos sido sus instrumentos durante siglos. No nos atrevemos a desobedecerle. Una y otra vez hemos recibido sus órdenes, hemos ido a algún mundo que se encontraba en la primera fase de su cultura, y le hemos enseñado el camino que nosotros nunca podremos seguir, el camino que vais a emprender ahora.
"Hemos estudiado muchas veces el proceso que se nos ordenó vigilar, esperando
poder huir un día de nuestras propias limitaciones. Pero sólo hemos percibido
lineamientos de la verdad. Nos llamasteis los superseñores ignorando la ironía del título.
Digamos que sobre nosotros hay una supermente que nos utiliza como el alfarero utiliza su rueda.
"Y vuestra raza es, la arcilla modelada por esa rueda.
"Creemos - aunque es sólo una teoría - que la supermente trata de crecer, de extender
sus poderes y su conciencia a todo el universo. Es hoy la suma de muchas razas, y ya ha dejado atrás la tiranía de la materia. Advierte en seguida la presencia de seres
inteligentes. Cuando supo que estabais casi preparados, nos envió a ejecutar esta orden, a disponeros para las transformaciones cercanas.
La raza humana cambió al principio con lentitud, durante siglos y siglos. Pero esta es una transformación de la mente, no del cuerpo. Si se la compara con la evolución
orgánica, es un cataclismo, algo instantáneo. Ha comenzado ya. La vuestra es la última generación del Homo sapiens.

"En cuanto a la naturaleza del cambio, es muy poco lo que podemos deciros. No
sabemos cómo se produce, qué impulso emplea la supermente cuando cree que ha
llegado el momento. Sólo hemos descubierto que comienza con un simple individuo - un
niño siempre - y luego se extiende de un modo instantáneo, como se forman los cristales alrededor del núcleo en una solución saturada. Los adultos no son afectados; el molde de sus mentes es inalterable.
"Dentro de unos pocos años habrá pasado todo, y la raza humana se habrá dividido en
dos. Este mundo que conocéis ya no puede volver atrás, y ya no tiene tampoco futuro.
Han terminado los sueños y las esperanzas de vuestra raza. Habéis dado origen a
vuestros sucesores, y vuestra tragedia consiste en que nunca podréis entenderlos, que
nunca podréis comunicaros con sus mentes. En realidad no tendrán mentes. Serán,
todos, una simple entidad, como vosotros sois las sumas de miríadas de células.
Pensaréis que no son seres humanos, y tendréis razón.
"Dentro de una pocas horas se habrá producido la crisis. Mi tarea y mi deber es cuidar a aquellos por los que he venido. A pesar de sus nacientes poderes podrían ser
destruidos por las multitudes... sí, y aun por los padres cuando estos comprendan la
verdad. Debo llevármelos y aislarlos, para su protección, y la vuestra. Mañana nuestras naves comenzarán la evacuación. No os acusaré si tratáis de intervenir, pero todo será inútil. Esos poderes que ahora están despertando son mayores que los míos; yo sólo soy su instrumento.
"Y luego, ¿qué haré con vosotros, los sobrevivientes, cuando haya concluido nuestra
tarea? Sería lo más simple, y quizá también lo más misericordioso, destruiros, como
vosotros mismos destruiríais un cachorro al que queréis mucho y que ha sufrido una
herida mortal. Pero no haré eso. Podréis elegir vuestro futuro en los pocos años que os quedan. Tengo la esperanza de que la humanidad se encaminará a la paz, hacia su
descanso, con la idea de que no ha vivido. inútilmente. Lo que habéis traído al mundo es algo terriblemente extraño que no comparte vuestros deseos y esperanzas, que puede juzgar vuestras más grandes hazañas como juguetes infantiles. Sin embargo es algo maravilloso, y es obra vuestra.
"Cuando vuestra raza esté totalmente olvidada, una parte de vosotros seguirá
existiendo. No nos condenéis, entonces, por lo que estamos obligados a hacer. Y
recordad: siempre os envidiaremos.

El propósito de la colonia, como usted habrá comprendido, es establecer un grupo cultural estable e independiente, con tradiciones artísticas propias.
Le advierto que antes de iniciar esta empresa se realizó una intensa investigación. Se trata realmente de una obra de ingeniería social, basada en una ciencia matemática muy compleja que no pretendo entender. Sólo sé que los sociólogos matemáticos han calculado el tamaño ideal de la colonia, cuántos tipos de gente deben habitarla, y, sobre todo, qué constitución ha de dársele para que tenga un carácter permanente.
"Estamos gobernados por un consejo de ocho directores, representantes de la
producción, la energía, la ingeniería social, el arte, la economía, la ciencia, los deportes y la filosofía. No hay primer director ni presidente estable. Todos los directores ocupan la presidencia durante un año y por rotación.
"Nuestra población actual es de unas cincuenta mil almas, poco menos que el nivel
óptimo. Por eso estamos buscando todavía nuevos reclutas. Y claro, se producen ciertas mermas. Aún nos faltan algunos talentos especializados.
"Estamos tratando de salvar la independencia de la humanidad, sus tradiciones
artísticas. No somos enemigos de los superseñores: sólo queremos que se nos permita
seguir nuestro propio camino. Cuando destruyeron las viejas naciones, y esas costumbres que databan de los comienzos de la historia, barrieron muchas cosas buenas junto con las malas. Hoy vivimos en un mundo plácido, uniforme, y culturalmente muerto: nada nuevo en verdad ha sido creado desde la llegada de esos seres. La razón es obvia. No hay nada por qué luchar y sobran distracciones y entretenimientos. ¿Ha advertido que todos los días salen al aire unas quinientas horas de radio y televisión? Si uno no durmiese, y no hiciese ninguna otra cosa, no podría seguir más de una vigésima parte de los programas. No es raro que los seres humanos se hayan convertido en esponjas pasivas, absorbentes, pero no creadoras. ¿Sabe usted que el tiempo medio que pasa un hombre ante una pantalla es ya de tres horas por día? Pronto la gente no tendrá vida propia. ¡Vivirá siguiendo los episodios de la televisión!
- Aquí en Atenas, los entretenimientos ocupan su justo lugar. Además son algo vivo,
nada mecánico. En una comunidad de estas proporciones es posible lograr una
participación casi total del público, con todo lo que eso significa para artistas y
ejecutantes. A propósito, tenemos una magnífica orquesta sinfónica que se cuenta quizá entre las seis mejores del mundo.
Pero no quiero que acepte sin más mis palabras. Los posibles ciudadanos suelen pasar
aquí unos pocos días respirando la atmósfera del lugar. Si deciden unirse a nosotros los atacamos con nuestra batería de pruebas psicológicas, la que es en verdad nuestra
principal línea de defensa. Rechazamos, aproximadamente, un tercio de los solicitantes, casi siempre por razones que no implican ningún desmerecimiento personal, y que fuera de aquí no tienen ninguna importancia. Los que son aceptados, vuelven a sus casas para arreglar sus asuntos y luego se unen a nosotros. A veces cambian de parecer, pero es muy raro, y casi siempre por motivos personales que no nos conciernen. Nuestras pruebas tienen actualmente una eficacia del ciento por ciento: la gente que pasa las pruebas es la que quiere de veras vivir aquí.
- ¿Y si alguien cambia de parecer más tarde? - preguntó Jean ansiosamente.
- Pueden irse. No hay dificultades. Ha ocurrido una o dos veces.


Nueva Atenas no había aparecido de un modo natural y espontáneo como aquella otra
ciudad del mismo nombre. Todo en la isla había sido planeado deliberadamente, como
consecuencia del estudio emprendido durante varios años por un grupo de hombres
notables. El proyecto había comenzado como una conspiración contra los superseñores,
un implícito desafío a su política, si no a su Poder.
Casi todos habían predicho que la colonia iba a fracasar. Sin embargo, aun en el
pasado, mucho antes de que se conociese realmente la dinámica social, habían existido
numerosas comunidades dedicadas a fines determinados, religiosos o filosóficos. Cierto era que el índice de mortalidad había sido muy alto, pero algunas habían llegado a sobrevivir. Y las bases de la nueva colonia tenían toda la garantía de la. ciencia moderna.
Había muchas razones para haber escogido una isla. Las psicológicas no eran las
menos importantes. En una época de transporte aéreo universal, el océano ya no era una barrera, pero aún daba sin embargo una cierta impresión de aislamiento. Además, la limitación del terreno impedía que la colonia albergara a demasiada gente. La población máxima había sido fijada en cien mil habitantes.
El hombre que había hecho posible Nueva Atenas era judío. Y, como Moisés, no había
vivido lo bastante como para entrar en la tierra prometida. La colonia había sido fundada tres años después de su muerte.


"Pero hay una comparación que es... bueno, sugestiva, y de cierta ayuda. Se repite una y otra vez en la literatura terrestre. Imagine usted que la mente de cada hombre es una isla, rodeada de océano. Todas esas islas parecen aisladas, pero en realidad están unidas por un lecho común. Si el océano desapareciese, no habría más islas. Todas serían parte de un mismo continente, habrían perdido su carácter de individuos.
"La telepatía, como ustedes la llaman, es algo semejante. En ciertas circunstancias las mentes pueden fundirse y luego, en los momentos en que vuelven a aislarse, recordar esa experiencia. En su forma más alta este poder no está sujeto a las limitaciones del tiempo y el espacio.

- Está usted buscando algo que ya no está ahí - dijo Karellen -. Recuerde que no tienen más individualidad que las células de un cuerpo.
- ¿Por qué se mueven así?
- Lo llamamos la danza larga - replicó Karellen. Nunca duermen, y esto duró casi un
año. Son trescientos millones que se mueven en determinadas figuras. Hemos analizado
esas figuras una y otra vez, pero no descubrimos nada. Quizá porque sólo advertimos la apariencia física, la porción que está aquí, en la Tierra. Es posible que lo que llamamos la supermente esté todavía preparándolos, moldeándolos para que formen una simple unidad antes de absorberlos.
- ¿Pero cómo hacían con la comida? ¿Y qué ocurría si chocaban con algún obstáculo
como árboles o rocas, o si caían en el agua?
- El agua no importaba, no podían ahogarse. Cuando encontraban un obstáculo se
lastimaban a veces, pero no lo advertían. En cuanto a la comida... bueno, los animales y las frutas abundaban allí. Pero ahora dejaron atrás esas necesidades. Pues la comida es ante todo una fuente de energía, y han aprendido a recurrir a fuentes mayores.
Las figuritas, tan desamparadas y patéticas si uno no conocía la verdad, se alzaban
inmóviles en el bosque, el valle y la llanura. La cámara vagó incansablemente de una a otra. Ya, pensó Jan, los rostros están adaptándose a un molde. Había visto una vez
algunas fotografías donde docenas de imágenes superpuestas formaban un rostro
"común". El resultado había sido algo tan vacío y tan falto de carácter como esto.
Aparentaban estar durmiendo o en trance. Tenían los ojos muy cerrados, y no parecían
más conscientes que los árboles que se alzaban por encima de ellos. ¿Qué
pensamientos, se preguntó Jan, se estarían entrecruzando en esa complicada red en la
que aquellas mentes eran ahora no más - y sin embargo no menos - que los hilos de un
vasto tapiz? Y un tapiz, comprendía ahora, que abarcaba muchos mundos y muchas
razas, y que crecía todavía.

- Quizá los perturbaba la presencia de otras mentes, aun esas tan rudimentarias de las plantas y los animales. Un día, creemos, descubrirán que también el mundo material les molesta. Y entonces quién sabe qué ocurrirá. Comprenderá usted ahora por qué nos retiramos una vez, que cumplimos nuestra tarea. Seguimos estudiándolos, pero nunca entramos en esas tierras ni metemos allí nuestros instrumentos. Sólo los observamos desde el espacio.
- Esto ocurrió hace muchos años - dijo Jan -. ¿Qué ha pasado desde entonces?
- Muy poco. No se han movido en todo este tiempo, ni han advertido los cambios del
día y de la noche, del verano y el invierno. Están todavía probando fuerzas; algunos ríos han cambiado de curso, y hay uno ahora que fluye hacia arriba. Pero no han hecho nada que parezca tener algún propósito determinado.
- ¿Y los han ignorado a ustedes totalmente?
- Sí, aunque es natural. La... entidad... de la que forman parte no ignora nada de
nosotros. No le preocupa, aparentemente, que tratemos de estudiarla. Cuando desea que
nos alejemos, o quiere encargarnos un nuevo trabajo, se manifiesta claramente. Hasta
ese entonces nos quedaremos aquí, para que nuestros especialistas puedan recoger toda
la información posible.

En el extremo de uno de los senderos estaban los superseñores. Habían preservado su
individualidad, su independencia, tenían conciencia de sí mismos y el pronombre "yo"
significaba algo en su lenguaje. Tenían emociones, algunas de las cuales por lo menos
eran compartidas por la humanidad; pero estaban atrapados, Jan se daba cuenta ahora,
en un callejón sin salida del que nunca podrían salir. Las mentes de los superseñores
eran diez, o quizá cien veces más poderosas que las del hombre. Al hacer la cuenta final no había ninguna diferencia. Ambos estaban igualmente desamparados, igualmente
abrumados por la inimaginable complejidad de una galaxia de cien mil millones de soles y de un cosmos de cien mil millones de galaxias.
¿Y al fin del otro sendero? La supermente, cualquier cosa que fuese, relacionada con
el hombre del mismo modo que el hombre con la ameba. Potencialmente infinita, inmortal, ¿durante cuánto tiempo había estado absorbiendo una raza tras otra, mientras se extendía entre los astros? Tenía también deseos, tenía metas que presentía oscuramente pero que no alcanzaría jamás? Ahora contenía todas las obras de la raza humana. No era una tragedia, sino una culminación. Los billones de conciencias que como chispas fugaces habían formado la humanidad, no volverían a temblar como luciérnagas contra el cielo de la noche. Pero no habrían vivido totalmente en vano.

Sabemos que en el pasado intentó actuar de un modo directo sobre las mentes de otras razas, e influir en su desarrollo cultural.
Siempre fracasó, quizá porque el abismo es demasiado grande. Nosotros somos los
intérpretes, los guardianes. O, para usar una metáfora de ustedes, cuidamos el campo
mientras madura la cosecha. La supermente recoge esa cosecha, y nosotros
comenzamos otro trabajo. Esta es la quinta raza a cuya apoteosis asistimos. Cada vez
aprendemos un poco más.
- ¿Y no se sienten resentidos porque los utilicen como simples instrumentos?
- El arreglo tiene ciertas ventajas. Por otra parte, ningún ser inteligente se siente
resentido ante lo inevitable.

- Explíqueme esto, entonces - dijo -, Hay algo que ustedes nunca nos han dicho.
Cuando su raza vino por primera vez a la Tierra, en el pasado, ¿qué ocurrió? ¿Por qué se convirtieron en el símbolo del terror y el mal?
- Nadie lo sospechó nunca, y ya ve usted ahora por qué no podíamos referirnos a eso.
Sólo un hecho pudo haber impresionado de tal modo a la humanidad. Y ese hecho ocurrió
no en el alba de la historia, sino en su atardecer. - Cuando nuestras naves aparecieron en el cielo terrestre, hace un siglo y medio, se produjo el primer encuentro de nuestras dos razas, aunque como es natural habíamos estado estudiándolos desde lejos. Y sin embargo, ustedes nos temieron y nos
reconocieron, como lo habíamos esperado. No se trataba precisamente de un recuerdo.
Ya sabe usted que el tiempo es mucho más complejo de lo que suponía la ciencia
terrestre. Pues ese recuerdo no venía del pasado, sino del futuro... de esos últimos años en que la raza humana comprendía que todo había concluido. Hicimos todo lo posible para aliviar ese final, pero no fue fácil. Y de ese modo fuimos identificados con el fin de la raza. Sí, aunque aún faltaban diez mil años. Fue como si las reverberaciones de un eco distorsionado hubieran recorrido el círculo cerrado del tiempo, desde el futuro al pasado.
Llamémosle no un recuerdo, sino una premonición.
Tenía que existir algo así como una memoria racial, y esa memoria era de algún modo
independiente del tiempo. Para ella el futuro y el pasado eran uno solo. Por eso, hacía miles de años, los hombres habían alcanzado a vislumbrar una distorsionada imagen de los superseñores, a través de una niebla de miedo y terror.



Vease también http://es.wikipedia.org/wiki/El_fin_de_la_infancia.



"Nadie hubiera creído a finales del siglo diecinueve que la vida humana estaba siendo observada desde los mundos infinitos del espacio. Nadie habría podido soñar que estabamos siendo estudiados como se examinan bajo un microscopio los organismos en una gota de agua. Pocos hombres admitían, incluso, la posibilidad de vida en otros planetas. Sin embargo, a través del abismo espacial, mentes infinitamente superiores a las nuestras, dirigían su codiciosa mirada hasta esta tierra. Y lenta, pero inexorablemente, dispusieron sus planes contra nosotros." Orson Wells


Compartir este post

Repost 0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:

Comentar este post