Wednesday 14 july 2010 3 14 /07 /Jul /2010 16:27

"Quién controla el pasado controla el futuro: quién controla el presente controla el pasado"

George Orwell, 1984

 


"¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabaremos haciendo imposible todo crimen del pensamiento. En efecto, ¿cómo puede haber crimental si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado está decidido rigurosamente y con todos sus significados secundarios eliminados y olvidados para siempre? (...) ¿Cómo vas a tener un eslogan como el de "la libertad es la esclavitud" cuando el concepto de libertad no exista?"

 

La habitación 101 es un espacio de tortura, donde los sospechosos son sometidos a aquello que les causa más terror. La tortura se lleva a cabo mediante la utilización de una jaula llena de ratas hambrientas. La jaula está construida para adaptarse a la cabeza de la víctima, como una máscara. Mediante unos resortes se puede dar paso a las ratas para que le devoren el rostro.

La habitación 101 se utilizaba para destruir en la mente de cada persona aquello que le impide amar al Gran Hermano o también terminar con un amor más grande que el profesado a este personaje. Al aplica

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r al torturado su mayor miedo se le da la posibilidad de evitarlo proyectándolo sobre lo que más quiere y haciendo así desaparecer el sentimiento peligroso.

La habiatción 101 se usaba para lavar el cerebroa  las personas y acerles creer cosas que no son ciertas.

 

 

 

En la novela, la sociedad localizada en una futura Inglaterra se encuentra divida en dos grupo

s, que son los únicos visibles. Los miembros del Partido Único, que viven obnubilados por una completa y atroz repre

sión, y por otro lado una masa de gente extremadamente pobre que vive atemorizada y aislada de la política.

La novela es una descripción analítica de los régimenes totalitarios con un final desolador. El personaje principal es Winston Smith, que trabaja en el Ministerio de la Verdad (uno de los cuatro ministerios que hay). Su cometido es reescribir la historia.

Los ministerios son los siguientes:

  • El Ministerio del Amor (en neolengua Minimor) se ocupa de administrar los castigos y la tortura.
  • El Ministerio de la Paz (Minipax) se encarga de asuntos relacionados con la guerra y se esfuerza para lograr que la contienda sea permanente. Si hay guerra con otros países, el país está en paz consigo mísmo. (Hay menos revueltas sociales cuando el odio y el miedo se pueden enfocar hacia fuera, como señala la psicología social).
  • El Ministerio de la Abundancia (Minindancia) encargado de los asuntos relacionados con la economía y de conseguir que la gente viva siempre al borde de la subsistencia mediante un duro racionamiento.
  • El Ministerio de la Verdad (Miniver) se dedica a manipular o destruir los documentos históricos de todo tipo (incluyendo fotografías, libros y periódicos), para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial de la historia, mantenida por el Estado.

 

El Gran Hermano suple a todo personaje político: él es el comandante en jefe, el guardián de la sociedad, el dios pagano y el juez supremo. Él es la encarnación de los ideales del Partido, el Partido ubicuo, único y todopoderoso que vigila sin descanso todas las actividades cotidianas de la población, al punto que inclusive en las calles y casas hay dispositivos de vigilancia para conocer todos los actos de cada individuo. El Partido es la organización al que han de pertenecer todas las personas. Sólo están exentos de esta afiliación los "proles", trabajadores que constituyen la inmensa mayoría de la población, mantenidos en la pobreza pero entretenidos de diversas formas por el Partido para preservarlos contentos con su situación, prácticamente sólo saben obedecer órdenes y sus

mentes aceptan sin queja cualquier mandato aunque vaya en contra de sus mismos intereses; se les concede los mismos derechos que los animales y de hecho, la Policía del pensamiento apenas los vigila: "a los proles se les permite la libertad intelectual porque no tienen intelecto alguno". Ni siquiera la familia está por encima de su presencia, es común la denuncia por parte de hijos pequeños a sus propios padres por traicionar al Partido. Irónicamente, Orwell insinúa la posibilidad de que ya ni siquiera sea una persona real, sino un mero icono propagandístico.

 

El sistema político presentado por Orwell está encaminado a alienar al individuo, a hacerlo virtualmente incapaz de pensar por sí mismo. Siguiendo la definición anteriormente expuesta de distopía, es una sociedad cerrada sobre sí misma, que se presenta como la sociedad perfecta. Sólo aislando las influencias externas se podrá realizar el ideal del Ingsoc. El exterior sólo puede ser malo. Sólo el Gran Hermano y el Partido son capaces de ofrecer algo bueno al ciudadano de Oceanía. A tenor de lo que hemos leído en la obra de Goldstein, todo nos hace suponer que este esquema de sociedad es idéntico en Eurasia y en Asia Oriental. La guerra exterior frente a dos enemigos identificables (un enemigo físico: las potencias enfrentadas a Oceanía; un enemigo ideológico: Goldstein) es el factor de cohesión, que llega adonde el Gran Hermano no alcanza con sus eslóganes.

Existen medios coercitivos para asegurarse este control. El Ministerio del Amor dispone un aparato represor sin fisuras. No es infrecuente que tu propio hijo te delate, a semejanza de los jóvenes camisas pardas nazis. Así pues, vemos que existen diversos niveles de control social:

1. La guerra exterior contra el enemigo físico e ideológico. Es la razón de ser última del Estado. Hay que odiar a Goldstein y a la potencia enemiga de turno; sólo así, por contraposición, se podrá amar al Gran Hermano.

2. La guerra interior contra el crimental. Fomenta la participación de los propios ciudadanos en su sistema represor. Pasa ineludiblemente por el aprendizaje y repetición de las consignas fundamentales del Partido. Es el segundo nivel de cohesión: el amor al Gran Hermano.

3. La guerra contra la verdad. Orquestada por los medios de comunicación, consiste en un lavado de cerebro permanente de las masas. Configura la realidad que el Partido quiere imponer. A falta de pr

uebas en contrario, termina por ser La Verdad. Es un nivel más profundo de cohesión del sistema: si el recurso al enemigo externo y a la desviación ideológica no son suficientes, se encarga de anular las últimas manifestaciones espontáneas de contestación. No sólo hay que amar al Gran Hermano: además hay que agradecerle el bienestar actual. Todos los adelantos, sean de la índole que sean, son obra exclusiva del Gran Hermano.

4. La guerra contra las costumbres. Consiste en dar apariencia de virtuosismo a todos los actos cotidianos. Ninguna conducta puede ser considerada errónea, so pena de incurrir en el crimental. Hay que practicar la abstinencia sexual. Hay que acudir a los autos de fe contra los enemigos del Partido y del Estado. Hay que gritar en los Dos Minutos de Odio. No hay que dar pie a conductas ambiguas en la calle. Hay que estar siempre visible para la telepantalla. El Gran Hermano te vigila y, como corresponde a una figura fuertemente paternalista, está dispuesto a castigar al hijo descarriado que traiciona su confianza y desprecia su amor.

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El régimen así caracterizado es, evidentemente, una dictadura. Se ejerce un autoritarismo sin límites. No se contempla ninguna institución de participación ciudadana, ni siquiera un parlamento ficticio en el que exista una democracia fingida. No hay que convencer a nadie de las bondades del régimen. Al estar cerrado al exterior, el Estado no tiene que rendir cuentas a institución o potencia extranjera alguna. Al ser la dictadura perfecta, la opinión pública es irrelevante. Es más: la opinión pública no existe.

 

 

La única manera de perpetuar un régimen dictatorial como el presentado por Orwell es falseando la realidad, perpetuando la mentira. Para que el sistema funcione, hay que acabar con la disidencia

. El crimental es el mayor delito, y para evitarlo hay que terminar con las causas que conducen al mismo. Hay que manipular el pasado, hacerlo inexistente si es necesario. "Quien controla el presente controla el futuro. Quien controla el pasado controla el presente." Este axioma tiene una interpretación evidente: el futuro será de quienes han manipulado el pasado hasta el punto de modelarlo a su antojo. Mediante la anulación de cualquier tiempo que no sea el mismo presente se podrá evitar la contestación al régimen: la disidencia suele recurrir a factores históricos, a un pasado en el que las cosas no eran como ahora, y ese recurso al pasado conduce a rectificar el presente y mejorar el futuro. Anulando la línea temporal se atajan de raíz estas posibilidades. El único pasado existente es aquel que el Partido dispone, y puede cambiarlo a su antojo, si una cifra de producción de chocolate no cuadra, si un objetivo del plan trienal no se cumple, si tres líderes antirrevolucionarios deben ser vaporizados. Cualquier discordancia entre el pasado y la propaganda oficial puede inducir a pensar que el presente no es perfecto o no está completamente controlado. Ante la imposibilidad de viajar en el tiempo para modificar esos parámetros descontrolados, la única manera posible de eliminar el problema es borrándolos de la memoria. Si se manipulan y adulteran, los nuevos registros pasarán a ser la única verdad. La antigua verdad nunca habrá existido, luego no será verdad. No será. Una persona incómoda para el régimen, un culpable confeso de crimental (pues el crimental siempre conlleva una confesión de culpabilidad), será anulado como persona, primero se le despojará de su personalidad y más tarde, cuando su ejemplo viviente ya haya sido interiorizado por el súbdito, será vaporizado, será una nopersona. No será. No habrá sido nunca.

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Esta realidad configura un futuro perfecto. El pasado, en perpetuo movimiento, dará lugar a un futuro inmóvil, en el que no quepa la disidencia porque ya no existirá palabra para la disidencia. La neolengua se encargará de ello. El lenguaje modelará la mentalidad de los hombres y mujeres futuros, en la misma medida que la manipulación de la Historia. Llegará un momento en que el tiempo se estanque, pues, como todo cuerpo perfecto, la entropía habrá desaparecido y se encontrará en estado de reposo absoluto. Sólo en ese momento darán igual el pasado y el futuro, puesto que sólo se vivirá en el presente. Ese momento no está lejano. Los expertos prevén que hacia 2050 se publicará la edición definitiva del Diccionario de neolengua. Esa es la fecha que el Ingsoc se ha marcado para controlar la realidad. Una fecha tal vez utópica, puesto que (y esto sólo puede significar que el Partido está próximo a alcanzar sus fines) Winston no tiene la certeza de la fecha en que vive. Elige 1984 como fecha para comenzar su diario por aproximación, no porque le conste. Es probable que la acción de 1984 ni siquiera transc

urra en el año 1984. El tiempo está dejando de existir.

Pero este ideal puede no alcanzarse. En tanto no se hayan borrado todos los registros del pasado que puedan comprometer el presente, y en tanto no se haya perfeccionado la estructura mental de los habitantes de la Oceanía futura, existe el riesgo del libre pensamiento. Y sólo con la violencia se puede erradicar el germen del individualismo.

El Estado debe ejercer la coerción para asegurarse el cumplimiento de las leyes. Esto es aplicable a cualquier tipo de Estado, sea totalitario o democrático. Sólo el nivel en que se ejerce esa coerción determina el tipo de régimen político. Un Estado en el que priman los mecanismos violentos de coerción es un Estado totalitario. La Oceanía de 1984 lo es. Bajo la apariencia de utopía, todos saben lo que les espera si caen en desgracia. El crimental es arbitrario, no respeta a nadie, padres de familia o miembros del Partido. Ni siquiera Syme, el ideólogo de la neolengua, escapa a la prisión, a las siniestras mazmorras del Ministerio del Amor. La violencia es el último recurso, al que tarde o temprano llegarán todos los culpables de crimental, y se ejerce de una manera desmedida. El Gran Hermano parece un dios bíblico, ejerciendo su castigo. O'Brien es una figura casi paternalista, intenta por todos los medios enseñar a Winston sus errores, convencerlo de lo erróneo de su actitud, modelando su mente al antojo del Partido, induciéndolo al doblepensar. Para ello, Winston ha de traicionar aquello que más quiere y, pese a que Orwell se recrea sin piedad en las escenas de tortura física (las referencias a la Inquisición son abundantes), lo más terrible de la novela es lo que acontece dentro de la habitación 101, donde Winston se enfrenta a lo que más teme. Violencia intelectual y violencia física van unidas en un binomio indisoluble que sólo tiene una finalidad: perpetuar el Estado de terror y opresión, y no sólo eso, sino hacerlo con el beneplácito y la firme adhesión y convicción de los ciudadanos oprimidos. En palabras de O'Brien: «Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente».

 


http://www.bibliopolis.org/articulo/1984.htm

 

 

 


Por blackrainbow - Publicado en: Frutos
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